[OPINIÓN]

Por: Jorge Eduardo Cock.

Foto: extraída de www.elcolombiano.com

Tremendo ruido le han armado al Ministro Frank Pearl por la orden de suspensión de las obras del Túnel de Oriente.

Que así no se van a poder desarrollar las grandes vías que necesita Colombia, que las multas que habrá que pagar a los concesionarios serán muy onerosas para el departamento, que es ir contra el progreso, que no habrá filtraciones, o que serán muy pocas. Pero somos muchos los que aplaudimos la actuación del Ministro de Ambiente.

Que se haya equivocado en algunos detalles de la argumentación importa muy poco frente a la inmensidad y la gravedad de los riesgos que está tratando de cubrir o eliminar, de costo mucho más grande que todas las platas que lograran sacar los contratistas.

Aunque es claro que se podrá repetir contra los verdaderos responsables. Lo primero es que el de Oriente no es un túnel cualquiera. Primero, para tomar el tubo principal la obra incluye una carretera de doble calzada con grandes cortes por terrenos inestables que se han deslizado hace años.

Y luego, el túnel, cruzando ocho fallas geológicas (zonas de la roca completamente fracturada, la mayor de ellas de muchos metros de espesor, conocida como la falla Santa Elena) pasa por debajo de una meseta habitada por 13.000 personas, cuyas aguas nacen allá mismo. No es cualquier túnel, repito.

¿Cómo no empeñarse en la seguridad total de que no habrá terribles deslizamientos ni disminución de las aguas que abastecen a Santa Elena y varios barrios de Medellín?

Son riesgos que no se pueden aceptar ni al mínimo. Irresponsable sería no hacerlo viendo lo que se lee en los informes de Consultoría radicados en Cornare para sustentar la licencia ambiental (Integral S.A. Plan de Manejo Ambiental, julio de 2009).

Van algunos apartes. Y que no me salgan con que son fuera de contexto: “La excavación de un túnel normalmente da lugar al descenso del nivel freático, que en el caso de los macizos rocosos depende esencialmente de las condiciones de fracturamiento de la roca entre la superficie freática y el nivel del túnel.

El abatimiento del nivel freático tiene efectos directos sobre el flujo de las corrientes de aguas superficiales.

En el caso del Proyecto Túnel Aburrá-Oriente, el abatimiento del nivel freático puede ocurrir en un corto término y afectar algunas zonas, dada la intensidad de fracturamiento del macizo rocoso. Estudios previos con isótopos estables de hidrógeno y oxígeno en esta zona, muestran que el agua subterránea de las laderas del Valle del Aburrá proceden de las infiltraciones del agua subterránea en el alto de Santa Elena-Piedras Blancas.

Para el cruce de las zonas fracturas se contemplan tratamientos al macizo y de esta forma disminuir la infiltración de agua al túnel”. Resaltado fuera de texto.

“Es necesario conocer el efecto de la construcción del proyecto en la disminución efectiva de caudales de agua superficiales aflorantes en la zona”. Aunque en reuniones y presentaciones digan que no pasará nada, eso es lo que está escrito y es base de la Licencia Ambiental.

Y cosa parecida se le sale al Gerente de la Concesión en carta a la Reserva Natural Montevivo: “… Realizaremos el levantamiento del acta de vecindad de las coberturas terrestres, a la luz del Plan, correspondiente a la estimación del efecto potencial por construcción del túnel Santa Elena sobre el abatimiento del nivel freático y coberturas terrestres”.

Y esa carta viene adornada con una bella perla que muestra la credibilidad que ofrecen:

“En relación con la inquietud de hacer entrega firmada de los datos recolectados en campo, les indicamos tan pronto la información sea recogida, cotejada y validada en nuestras oficinas será devuelta mediante un acta firmada por las partes.”

Es decir, no aceptan la presencia o participación en campo de representantes de la Reserva. ¡Que juzgue el lector!

 

Tomado de: El Colombiano, http://bit.ly/xWFU6f