Posts tagged ‘Conflicto armado’

diciembre 14, 2012

Con un homenaje, El Carmen de Viboral recuerda a sus líderes asesinados

Video: Conciudadanía.

Un sentido y emotivo homenaje a seis líderes que fueron víctimas del conflicto armado, se vivió el sábado anterior en el Municipio de El Carmen de Viboral, en el ariente Antioqueño.

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agosto 20, 2012

Recogedores de cadáveres

Durante la época de la violencia, los bomberos de San Carlos no apagaban incendios. Su rutina se convirtió en hacer lo que debia hacer el estado: recoger los muertos en las veredas. / Foto archivo: Carolina García.

Por: Carolina García

“Yo le tenía pánico a los muertos. Al primero que recogí le habían destapado la cabeza. ¡Me tocó recoger los sesos con la mano!”, recuerda Arnoldo con desconsuelo. En medio de una guerra entre las FARC y los Paramilitares, la escena tenebrosa de recoger cadáveres se había convertido en un trabajo cotidiano para los bomberos de San Carlos. A finales de los años 90 el municipio del Oriente antioqueño estaba abandonado por la fuerza pública. La presencia del Estado–cuando había- era obsoleta: los policías tenían prohibido salir del casco urbano y el ejército, que venía esporádicamente, convivía con los grupos armados.

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agosto 20, 2012

San Carlos: heridas que aún no sanan

¿Qué hay después del horror? Este pueblo de espanto murió y hoy vuelve a vivir. Hay crueldades que ya no pueden ser y no queda mas que seguir adelante. El silencio y el dolor son ahora fiesta y bullicio.

Parque principal de San Carlos. / Foto: Manuel Garzón.

Por: Manuel Garzón

Desde que uno se topa con el pueblo todo es distinto a lo imaginado. Nada es lo que se espera de un lugar en donde hubo tanto dolor. El espíritu, el talante de la gente, todo es más cariñoso y lleno de vida. Es como si la vida se hubiera nutrido de la muerte. Ahora, los fines de semana fin de semana las campanas suenan, la fuente de la plaza está encendida, hay música en los cafés, venden ropa y anuncian las gangas por megáfono.

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febrero 21, 2012

Documental sobre desplazamiento de una familia en Granada, será expuesto en festival de Cartagena

Gustavo Castaño de 52 años director de ‘Un viaje sin final feliz’. / Foto: Juan Pablo Valderrama.

 

El documental ‘Un viaje sin final feliz’, se exhibirá el próximo viernes en festival colombiano.

Uno de sus directores es el paisa Gustavo Castaño.  Con el bajo presupuesto de 14 millones de pesos, Gustavo Castaño y Edwin Jaramillo realizaron un documental que cuenta la historia de Genaro Aristizabal, padre de Elizabeth y Alfonso Aristizábal -‘Poca luz’ y su hermana-, los niños actores de la película  ‘Los Colores de la Montaña’.

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febrero 17, 2012

La UdeA realiza atención psicosocial a víctimas del conflicto armado en Granada

En 2011 la Universidad de Antioquia otorgó la distinción Presencia de la Universidad en la Sociedad, categoría plata, al programa de “Práctica solidaria para la atención psicosocial de la población afectada por el conflicto armado en el municipio de Granada-Antioquia”, que en los dos años de ejecución ha involucrado a más de 130 estudiantes en práctica académica y en proyectos de aula, de los pregrados de trabajo social, psicología, historia y sociología de de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, y a por lo menos ocho docentes asesores de práctica y de trabajo de grado.

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enero 30, 2012

Bloque Metro de las ACCU asesinó en el Oriente antioqueño sin confirmar datos de víctimas

 

Así lo confirmó Edison Payares Berrío, alias ‘Lázaro’, quien integró una facción del Bloque Metro en el Oriente antioqueño, ante fiscales de Justicia y Paz.

El Bloque Metro fue exterminado por un varios bloques de las Auc.

En el menor tiempo posible, sin estar seguros de la información que se les daba sobre una potencial víctima y sin cerciorarse de ello antes de acribillarla, hombres del Bloque Metro de las Autodefensas Campesinas de  Córdoba y Urabá (Accu) asesinaron a decenas de personas en varios municipios del Oriente antioqueño a finales de la década del noventa y comienzos del 2000.

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enero 10, 2012

A la cárcel tres exparamilitares por el homicidio de profesora en Cocorná

Panorámica zona urbana de Cocorná. // Foto: extraída de www.panoramio.com

 

Tres ex integrantes de autodefensas fueron afectados con medida de aseguramiento, detención preventiva sin beneficio de excarcelación, por un fiscal de Derechos Humanos y DIH que investiga el homicidio de la profesora Janeth Ibargûen Romaña, perpetrado en comprensión municipal de Cocorná (Antioquia).

El crimen fue cometido en la vereda El Chocó, jurisdicción de la citada población, el 19 de noviembre de 2002, cuando miembros del Bloque Metro de las autodefensas bajaron de un bus escalera a la educadora y tras señalarla como auxiliadora del frente noveno de las Farc la ultimaron con armas de fuego.

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diciembre 24, 2011

San Vicente conmemora once años de una amarga “noche buena”

El municipio de San Vicente Ferrer está ubicado en el Oriente antioqueño, una de las regiones más golpeadas por la violencia. La vereda La Floresta queda a solo 20 minutos del casco urbano, allí fueron masacrados ocho campesinos el 24 de diciembre del 2000 por un grupo de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Con este video se pretende hacer un homenaje a las víctimas de aquella lluviosa y gris mañana.

 

 Tomado de: Comunicaciones Acantioquia, http://bit.ly/tEE2h3

diciembre 22, 2011

Tres esculturas rinden homenaje a las víctimas del conflicto en Marinilla

Bajo el nombre de Triángulo por la Libertad y la Vida en Marinilla, fueron inauguradas tres obras de arte, mediante las cuales se rinde homenaje simbólico a las víctimas del conflicto armado en el oriente antioqueño.

Las obras están ubicadas en la capilla Jesús Nazareno, en el sector La Ramada y la glorieta de la Nueva Avenida. Las esculturas están hechas respectivamente con cerámica, bronce y la última con armas recicladas.

Las creaciones surgieron de un ejercicio de construcción colectiva de memoria histórica, dentro de un proceso de reparación.

 

Tomado de: RCN Radio, http://bit.ly/ryoEYG
diciembre 5, 2011

La historia de Luis García, una sancarlitano que retornó a su recuerdo

La memoria, la reconciliación y el retorno que se tejen en este municipio del Oriente son un proceso que, para muchas víctimas, se anhela culminar con el encuentro de sus desaparecidos.

Intentó regresar a su finca pero no encontró el camino. La maleza, el miedo y la muerte le seguían en su intento por retornar. Durante seis meses ‘le dio vuelta’ al lugar abandonado hace 10 años y abrió de a pocos la trocha, trabajó durante el día y regresó a dormir a San Carlos o a Medellín.

Nadie en casa lo apoyó: primos, yernos y familiares muertos, dos desplazamientos que trajeron pobreza y humillación. Años de zozobra y de guerra. Lo de menos era la finca, sus cafetales, bestias y alegrías perdidas. Regresar era despertar los recuerdos y lidiar con ellos todas las noches.

Luis Eduardo García, 67 años, manos nudosas, machete y linterna al cinto, decidió retornar a su finca en San Carlos, oriente de Antioquia, pese a las advertencias de sus ocho hijos y de su propia esposa, quien no lo quiso acompañar a levantar lo que otros usurparon y entregaron al olvido.

Lo primero que encontró en la casa, cubierta por las ramas, fue su sombrero que estaba esperándolo para comenzar el jornal. Poco le quedaba de aguadeño porque curtido, empolvado y  doblado en sus puntas se convirtió en un bicorne -como el de Napoleón- pero al estilo campesino.

Durante varios meses no tuvo ninguna compañía en la finca. “Ni siquiera un perro con quien conversar ni un radiecito porque no tenía energía”. Pasaba semanas sin hablar con nadie y, en las noches, enfrentaba sus miedos cuando apagaba las velas y no había ningún guardián que latiera y avisara –como en otras épocas– que algo o alguien se acercaba.

Su primera compañía fueron las gallinas que, según él, le alegaban con su cacareo todos los días. Luego regresó la luz. La yuca, el plátano, los árboles frutales, el maíz y el fríjol también volvieron, de a pocos,  gracias a su trabajo. “Cuando haya harta comidita yo me voy para allá”, le dijo su esposa. ‘Don Luis’, como le dicen en el pueblo en memoria de un pasado que nunca volverá, ya completó un año de haber retornado a su finca.

Cicatrices de una violencia que no se olvida

– ¿Don Luis, y cómo van las guaguas?

– Eso por hay de vez en cuando se ven y siempre hay varias grandes como pa’ la cacería en estos días. ¿Y usted al final dónde está, vecina?

– Yo me quedé en Medellín, yo por aquí no vuelvo. Oiga, ¿y sí es cierto que por aquí andan desapareciendo gente? Es que a mí me han dicho muchos que San Carlos es una bomba de tiempo.

– Por aquí la gente se desaparece cuando se pone a jugar ‘escondidijo’. Respondió Luis con una sonrisa burlona que dejó ver sus calzas de amalgama.

Ahora, un sábado en el parque de San Carlos hace olvidar la guerra allí librada: vendedores de rifas con sus megáfonos, casas con las puertas abiertas, trabajadores de la panela organizándola para distribuirla. Sin embargo, basta con rodear la iglesia principal y caminar media cuadra para encontrar que ni siquiera en lo más superficial, las fachadas del pueblo, se ha borrado la huella de la violencia.

Aún permanecen en algunas de ellas letreros tímidamente borrados de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y de las ACCU (Autodefensas de Córdoba y Urabá), dos de los siete grupos ilegales que, según el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), actuaron los últimos 30 años en este municipio.

Escuchar a las personas del pueblo es darse cuenta de que nadie estuvo a salvo mientras la violencia arrasó con todo. En el reciente informe de la CNRR sobre San Carlos no lograron determinar el número preciso de asesinados en las últimas tres décadas, aunque identificaron al menos 33 masacres, 156 desapariciones forzadas y 78 víctimas de minas antipersonal. Otro de los datos rescatados en el informe habla de 219 personas que murieron en masacres entre 1998 y 2005.

“Este mango y esta ceiba del parque han sido testigos de tanto dolor, de tantas muertes, de las ocasiones en las que sonaron las campanas porque estaban enterrando a la gente. Hoy es un momento sublime de la memoria, para vivir con tranquilidad el presente y ayudar a construir el futuro”, dijo la concejala Pastora Mira, una de las líderes del proceso de retorno y reconciliación en San Carlos.

Bajar al pueblo para vender y para huir

“Había días que uno bajaba al pueblo y se encontraba dos, ocho y hasta diez muertos. Hubo un día que se juntaron más de 15”, dijo Luis, quien llegó tarde el pasado sábado 26 de noviembre a la ceremonia de inauguración del Jardín de la Memoria, monumento en el parque de San Carlos que recordará a quienes murieron, desaparecieron, sufrieron algún tipo de violación a su honra y a aquellos que resistieron la violencia sin renunciar a su tierra.

Llegó embarrado, sin desayunar y tras hora y media de camino a pie. Era uno de las cientos de víctimas que se congregaron en el parque a recordar lo sucedido y a terminar simbólicamente el proceso entre las actuales alcaldías de San Carlos y Medellín, en el que ambas municipalidades impulsaron el retorno y sostenimiento de las personas, cerca de nueve mil que volvieron en los últimos años.

La ciudad que a Luis le dio la espalda durante su primer desplazamiento en los noventas, contribuyó a su regreso a la finca. “Salimos de por aquí por miedo a los que estaban llegando a la zona. Llegamos a Altos de Oriente, cerquita de Santa Elena, y construí una casa a la que le hice huerta de papas, maíz y fríjol. Los que me vendieron resultaron ser de la guerrilla. Un día llegó gente de la Alcaldía y nos sacó de allá, perdí como ocho millones de pesos”.

Después de la estafa, el regreso a la finca en San Carlos y el segundo desplazamiento, sus hijos consiguieron trabajo en Medellín. Luis no logró adecuarse a la ciudad y siempre mantuvo el anhelo de regresar. “Quisiera volver a tener la finca como la tenía, pero las fuerzas no me dan”. Ninguno de los hijos regresará a trabajar con él, aunque desde la distancia son quienes los sostienen.  “Ayer una hija me llamó y me ‘vació’: que no tenía nada que estar haciendo por aquí, que me fuera para Medellín que allá entre todos veíamos cómo vivir”.

Su esposa se va por temporadas para la capital. Él cada ocho días baja al pueblo a conseguir la comida que le falte o a llevar el plátano o la verdura que logra cosechar. La Alianza Medellín-San Carlos hizo unas mejoras a lo que quedaba de la finca pero resultaron incompletas: “Como la casa está tan lejos y es tan difícil el acceso de los materiales, no alcanzó el presupuesto. La mejora era de dos alcobas pero eso nada más quedó revocado por dentro y en obra negra, el agua se mete por las tejas de eternit. Yo voy a insistir a ver si me terminan el trabajo”.

De la finca de Luis no volverán a salir las 15 cargas de panela como sucedía en otros tiempos. Los 20 mil palos de café los mató la roya, del potrero no queda sino la herrumbre y tampoco hay marranos ni piscos como en el pasado. La casa que admiraban en la vereda Cañaveral es hoy un recuerdo a diario cultivado por él.

La memoria y los recuerdos son construidos por todos los sancarlitanos. Muchos de ellos escribieron o dibujaron su historia; otros decidieron regresar, rehacer su vida y perdonar sin olvido. Sin embargo, aún faltan personas por retornar. Como dice Pastora Mira, “las campanas, que tantas veces han sonado, están esperando el sepelio de los desaparecidos”, aquellos que aún no descansan y esperan ser encontrados bajo las minas, que aún faltan por explotar. 

“Que los baños sean públicos”: Luis Eduardo García

“Yo quiero hacer una denuncia aprovechando que usted es de la prensa. Un día yo venía para San Carlos de Medellín y tenía el pasaje justo pero estaba que me reventaba de ganas de ir al baño. Fui, pero valía 700 pesos entrar. Me fui para atrás de la terminal, para los baños de los conductores, pero un celador no me quiso dejar entrar. Yo le dije que si no me dejaba me tenía que orinar detrás de alguna llanta. Él respondió que si lo hacía llamaba a un policía para que me metiera a la cárcel. Yo lo hice y no me hizo nada. Sé que hay una ley que dice que en lugares públicos debe haber baños públicos entonces quiero criticar eso y pedir que cumplan la ley”.

 

Tomado de: Instituto Popular de Capacitación, http://bit.ly/rTdJ4e

 

diciembre 2, 2011

Medida de aseguramiento contra exparamilitar por asesinato de una profesora en Cocorná

Por su presunta responsabilidad en el homicidio de la maestra Janeth Ibargüen Romaña, un fiscal de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, profirió medida de aseguramiento, detención preventiva sin beneficio de excarcelación, en contra del individuo Carlos Mario Giraldo Giraldo, alias Matute, ex integrante del bloque Metro de las autodefensas.

Los hechos ocurrieron el 19 de noviembre de 2002 en un retén clandestino en la vereda El Chocó del municipio antioqueño de Cocorná, donde la víctima fue bajada de un bus escalera por miembros del grupo armado ilegal, Autodefensas, quienes le dieron muerte tras señalarla como informante de la guerrilla.

Alias Matute, preso en una cárcel de Medellín, fue asegurado por los delitos de homicidio en persona protegida y concierto para delinquir agravado.

En este proceso ya fue asegurado el integrante de autodefensas Ramiro de Jesús Henao Aguilar, alias Simón.

 

Tomado de: Caracol Radio, http://bit.ly/upxQme

noviembre 26, 2011

Así se vivió el conflicto armado en San Carlos

Sus habitantes rompieron años de silencio y le contaron al grupo de Memoria Histórica cómo vivieron y resistieron la presencia de guerrilla y paramilitares.

En el municipio de San Carlos, Oriente antioqueño, la guerra fue implacable. Masacres, asesinatos selectivos, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales fueron, durante varios años, el pan de cada de sus habitantes, quienes poco a poco fueron abandonando el pueblo y buscando refugio en otras zonas del departamento y del país.

Ese pasado es doloroso y, por tal razón, quienes lo padecieron guardaron silencio por varios años, pero a través de un paciente trabajo de los investigadores del área de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Cnrr), lograron que muchos de los sancarlitanos hablaran de esas épocas duras de la confrontación entre guerrillas, paramilitares y Fuerza Pública, que forzaron la salida de por lo menos el 80% de la población.

Esas voces conforman el texto Memorias del éxodo de la guerra, investigación adelantada por un grupo de profesionales que se sumergieron en la historia de San Carlos que da cuenta de todo el horror que padecieron cientos de sus habitantes entre 1986 y el 2010, y cuyos resultados se presentaron en Medellín durante la Semana de la Memoria.

Pasado remoto

La construcción de varios megaproyectos energéticos en la subregión del Oriente antioqueño en la década del setenta generó en el municipio de San Carlos un movimiento social muy fuerte que defendió los intereses sociales y políticos del pueblo. Sin embargo, esas luchas generaron los primeros desplazamientos de sus habitantes, resultado de la compra de predios para la construcción de las centrales hidroeléctricas y de los primeros asesinatos selectivos realizados por el Eln y luego las Farc.

“Todos esos grupos cívicos que se habían formado se extinguieron, porque a todos estos líderes les tocó salir, pues, para preservar sus vidas. Al igual que a algunos concejales, eso allá fueron muchos conflictos pero, ¿por qué? Porque allá las riquezas del municipio son incalculables”, contó una de las fuentes consultadas por el grupo de Memoria Histórica.

Más adelante, llegarían las Autodefensas del Magdalena Medio y el MAS (Muerte a Secuestradores), que empezaron a disputarse el control de la zona con la guerrilla. Finalmente, en la década de 1990, hacen presencia las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) con el Bloque Metro y, posteriormente, las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) con el Bloque Cacique Nutibara y el Bloque Héroes de Granada, grupos que se mantuvieron hasta cuando se realizaron los procesos de desmovilización, en 2003 y 2005 respectivamente.

La presencia de los grupos paramilitares disparó las cifras de homicidios, masacres, desapariciones y generó el desplazamiento de casi todos los pobladores del municipio. De las 74 veredas con las que cuenta el municipio, 30 fueron abandonas en su totalidad y más de 20 parcialmente, se consignó en el informe de Memoria Histórica.

“A cualquier hora del día. Eso se prendía a candela, este lado y el lado de allá. La guerrilla le quemaba el carro al que fuera y a los que viera así a distancia, a las 4, 6, 8, 10 cuadras. Nos tocó salir de una porque un grupo armado nos dijo que nosotros le estábamos colaborando a la guerrilla y que eso no lo iban a permitir, que nos iban a matar y que debíamos desocupar la vereda”, recuerda un hombre que luego de varios años de desplazamiento decidió volver a San Carlos.

Las cifras de atentados contra la población civil son alarmantes. Hubo por lo menos 33 masacres, se registraron 156 desapariciones forzadas y 78 personas fueron víctimas de las minas antipersonal.

Las acciones guerrilleras más frecuentes fueron los asesinatos selectivos, los secuestros, los daños a bienes civiles, los bloqueos de vías, las amenazas, la instalación de minas antipersonal y los sabotajes a la infraestructura eléctrica y vial. A partir del 2001 y hasta el 2004 empezaron a realizar masacres de las cuales se le atribuyen seis.

En 1998 aparecen los paramilitares en la región. Un año después le declararon la guerra a la población cuando afirmaron que por cada torre de energía que derribara la guerrilla, serán asesinados diez campesinos. Sus métodos no fueron diferentes a los empleados por la guerrilla. De las 33 masacres, los paramilitares cometieron 23, mataron a 206 personas y desaparecieron a 42.

Su centro de mando fue el famoso Hotel Punchiná, el más lujoso del municipio, de propiedad de Gabriel Puerta —extraditado por narcotráfico en mayo de 2009. Según el informe de Memoria Histórica, “este sitio sirvió como lugar de ajusticiamiento, torturas, violaciones, asesinatos y desapariciones. Por esta razón fue llamado años después La casita del terror. Allí se entrenaba y se impartían las órdenes; se citaba a la población y a los funcionarios públicos a rendir cuentas; se torturaba, asesinaba y se desaparecían los cuerpos de personas retenidas y señaladas como colaboradoras de la guerrilla”.

Pero los responsables de la tragedia humanitaria que vivió San Carlos durante más de 10 años no fueron sólo los grupos armados ilegales. El informe también consigna que sectores de la Fuerza Pública favorecieron el accionar de los grupos armados ilegales, particularmente de las Accu y Auc, al no combatirlos y omitir, en muchos casos, las denuncias y masacres ocurridas allí.

El testimonio de este hombre muestra lo que los campesinos pensaban en ese entonces: “en el 2003 el presidente Uribe ordenó que si tenían que sacar la población, la sacaran, pero que no quedará ni un guerrillero. Entonces al resto de población la sacó fue el Ejército. Mandaban escaleras (buses) a traer la gente, porque el que se quedara por allá es porque era guerrillero, y hay que darle, hay que matarlo”. En su afán por acabar con la guerrilla, el Ejército y la Policía cometieron errores y participaron del drama de la guerra.

Amor a la tierra

En agosto de 2002 llegaron a San Carlos 38 buses en caravana provenientes de Medellín. Ese mes empezó el retorno. Pese a las dificultades, consecuencia de la falta de dinero, los campos minados y el abandono de la tierra, los habitantes de este municipio antioqueño decidieron volver para quedarse definitivamente.

El regreso no fue fácil. Muchos afirmaron que desplazarse era más fácil que retornar. La precariedad de las condiciones que encontraron, la fragilidad del acompañamiento institucional y lo complicado de los procedimientos, hicieron este proceso más difícil.

Un hombre consultado por Memoria Histórica narró que “cuando uno se desplaza, todo el mundo es solidario, el vecino, el amigo, el familiar, el estado, las ONG, todo el mundo. Cuando usted retorna se encuentra solo y se tienen que cumplir unos requisitos para poder hacer ese retorno; cuando se desplaza no, basta con que sienta que la integridad personal, la vida está en peligro y que un grupo armado ilegal lo haya amenazado”.

Las dos principales razones por las que volvieron, según lo hallado por el área de Memoria Histórica, fueron el arraigo a la tierra y a la comunidad, y la necesidad. Según informes de la Alcaldía, a junio de 2011 se registraban alrededor de 9.000 personas y 2.700 familias retornadas.

El informe llama la atención frente al tema de las garantías de seguridad, de las pocas condiciones que tienen para generar ingresos que les permitan sobrevivir y las escasas posibilidades para la elaboración del duelo por la pérdida de sus seres queridos y de su lugar de origen.

En este sentido, se enumeran los enormes retos que tiene el Estado para garantizar un retorno de la población desplazada en condiciones dignas.  Se señalan los enormes costos políticos, morales, psicológicos, económicos y culturales dejados por la guerra y lo difícil que resulta la reconstrucción después de la devastación.

Un premio merecido

Las víctimas de San Carlos pasaron varios meses trabajando con el grupo de Memoria Histórica con el fin de reconstruir la historia del conflicto armado en su pueblo. Las iniciativas de retorno, de resistencia y de lucha por defender lo que les pertenecía no sólo fueron reconocidas en el informe que lanzó la Cnrr. La labor de la comunidad y del Municipio de San Carlos también fue premiada con el Premio Nacional de la Paz.

Este reconocimiento se da a los pobladores del municipio por el trabajo que han realizado para promover el retorno a San Carlos. Según la organización del Premio, “ante la incertidumbre y el desarraigo que produce vivir en una gran ciudad extraña, cientos han decidido retornar y organizarse para reconstruir su municipio y sus vidas. Sus retos incluyen la recuperación de las zonas rurales, sembradas de miles de minas antipersonal, y la superación de los efectos emocionales, sociales y económicos que les ha dejado el conflicto armado”.

El Alcalde de San Carlos, quien recibió el Premio en Bogotá acompañado de varios líderes comunales, reconoció que el retorno ha sido posible gracias a la vinculación de instituciones como  instituciones como Acción Social, Empresas Públicas de Medellín, la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia, quienes han apoyado proyectos productivos para los campesinos retornados.

Bruno Moro, delegado de Naciones Unidas en Colombia, resaltó la importancia del proyecto de retorno de San Carlos: “se demuestra que los colombianos pueden más que la violencia cuando se organizan para enfrentar las adversidades”.

San Carlos se convierte entonces en un ejemplo a seguir para aquellos pueblos que han sido duramente golpeados por el conflicto armado. En el informe de Memoria Histórica los campesinos cuentan lo que para ellos fue una guerra total. Con el Premio Nacional de Paz se ratifica lo que dijo la Secretaria de gobierno del municipio Ana Doris Betancur: “este reconocimiento valora que no nos hemos echado a la pena, que hemos tocado todas las puertas y creado los mecanismos para que San Carlos reviva”.

EL DESPLAZAMIENTO MASIVO

CRONOLOGÍA DEL ÉXODO

1965 – 1977

El desplazamiento negociado, relacionado con los impactos generados por la construcción de hidroeléctricas y las obras de modernización asociadas a éstas.
 
Según varios testimonios “todo empezó ahí, con las hidroeléctricas”
 
Estos proyectos de desarrollo ocupan un lugar importante en la historia de San Carlos, en su economía, en su cultura y también en el conflicto social y armado. Según información de la Empresa de Interconexión Eléctrica S.A. (ISA), para la construcción de las tres centrales hidroeléctricas que tienen asiento en San Carlos (San Carlos, Calderas y Playas) se adquirieron un total de 638 predios y se desplazaron 2.705 personas.
 
“Nosotros vivíamos donde es el embalse que ahora es la represa Punchiná. Teníamos una finca por ahí cerquita y a papá le dijeron: “bueno nosotros le damos tanto por esa tierra” Él dijo “yo en eso no doy la finca” y entonces dijeron “ahí le queda inundada, eso va a quedar en represa, le estamos dando la oferta”.

1978 – 1985 

El desplazamiento individual y familiar asociado con el extermino de la dirigencia del movimiento cívico por parte de los grupos paramilitares que incursionaban desde el magdalena medio.
 
Una fuerte organización social permitió crear un movimiento cívico en el que los habitantes de San Carlos sentían que sus intereses y sus necesidades como ciudadanos estaban representados. Se realizaron protestas, paros y marchas que eran reconocidas como justas  pues buscaban espacios para la participación y el ejercicio de la ciudadanía. Hombres, mujeres, adultos mayores, adolescentes, niños y niñas encontraban y cumplían una tarea dentro de las protestas.
 
Sin embargo, tanto la guerrilla como lo paramilitares de Ramón Isaza y el MAS (Muerte a Secuestradores) empezaron a exterminar a los dirigentes del movimiento cívico. Estas muertes alimentaron el conflicto, al tiempo que se consolidaron los grupos guerrilleros, quienes años después asesinaron a varios políticos conservadores en retaliación.
 
En este contexto, para muchos líderes de la región la huida se convirtió en la única forma de garantizar su vida: “Ellos fueron los primeros que mataron, y los otros que lograron escapar, hoy gracias a Dios están vivos porque lograron huir…” (Testimonio de hombre adulto, San Carlos, 2010).

 Las personas a las que se hace alusión en estos testimonios no se reconocían como desplazadas en ese entonces, ya que apenas comenzaba a hablarse en el país de esta problemática.

1986 – 1997

El desplazamiento preventivo y silencioso de líderes políticos y sociales como parte de las acciones de consolidación de la hegemonía guerrillera.
 
Una época de desplazamiento preventivo y silencioso, así lo describen los habitantes de San Carlos. La lucha de varias personas por mantener vivo el movimiento cívico y así sostener una apuesta política que recogiera la tradición de estos movimientos sociales generó una serie de demandas y acusaciones frente a los problemas del municipio. El impulso de estos grupos de ciudadanos provocó que los grupos armados empezaran a realizar muertes selectivas a los líderes comunitarios, y a desplazar a las personas. Un habitante  recuerdo que “ahí es donde empieza ya lo que es el conflicto, empieza duro”.
 
“Sí, ya se estaban generando los primeros desplazamientos. Claro la gente se iba viniendo de a poquitos de a una familia, de a dos. Yo pienso que en ese momento los primeros que se desplazaron eran los primeros que tenían para donde irse, o sea es que mucha gente se quedaba resistiendo y esperando, pero los primeros que tenían la posibilidad se iban, arrancaban”. (Testimonio de mujer adulta, San Carlos, 2010; énfasis MH)
 
Una nueva estrategia de las Farc empezó a ponerse en marcha en San Carlos cuando el 16 de agosto de 1997 amenazaron a cinco candidatos a la alcaldía, 28 cabezas de lista al Concejo Municipal y cinco concejales en ejercicio. En la misma época entraron las Accu con la idea de recuperar el territorio y como parte de de la expansión nacional de los grupos paramilitares agrupados en las nacientes AUC en 1997.

1988 – 2005

El éxodo total, relacionado con la incursión de los grupos paramilitares y la disputa abierta con la guerrilla por el dominio territorial y el control social de la población.
 
Las personas de San Carlos indican que a partir de este momento vivieron la guerra total. Los paramilitares empezaron su arremetida contra la población civil y la guerrilla ocasionando el desplazamiento masivo de los pobladores. Entre los acciones de guerra emprendidas por los actores armados se hicieron famosas las masacres, los asesinatos selectivos, los ataques a poblaciones, el confinamiento, la desaparición forzada, la extorsión, el reclutamiento ilícito, las órdenes de desalojo, entre otros.
 
Entonces era una situación muy horrible allá y debido a eso ya empiezan a rodar algunos panfletos en algunas veredas: “Necesitamos la vereda totalmente desocupada en tanto tiempo”, entonces todo el mundo dice: “Claro, ya con esa psicología vienen y nos hacen aquí lo que hicieron allá en el pueblo, o lo que hicieron a la gente en La Holanda”. Era gente desalmada, metiéndole una psicología muy verrionda al pueblo. Entonces allí se mentaba que los paramilitares y todo el mundo a correr, peor que si llegara el diablo, eso era peor, yo creo que el diablo va solamente por el que necesita… (Testimonio, de hombre adulto, San Carlos 2010; énfasis MH).

2006 – 2010

El desplazamiento decrece como consecuencia del repliegue de las guerrillas y la desmovilización de los grupos paramilitares.
 
Durante este periodo se han registrado pocos casos de desplazamiento sin embargo, se desconoce la responsabilidad en la mayoría de casos. Sobre los que se tiene información, se destacan en primer lugar las guerrillas (30,5%), en segundo lugar los paramilitares (18,6%).
 
Este panorama se relaciona con los cambios en la intensidad del conflicto armado y en las situaciones de los actores armados.  En primer lugar, hubo una reducción en la intensidad del conflicto armado que incidió directamente en una reducción del desplazamiento, de los índices de violencia y de los enfrentamientos armados. Los paramilitares se desmovilizaron y la presencia del Ejército permitió controlar los pocos territorios que aún le quedan a la guerrilla.
 
“A ver, hoy en día la presencia de las fuerzas militares en ciertos puntos estratégicos del municipio ha ido generando confianza, sobre todo para el retorno. Entonces, digamos que, en cierta medida, la presencia en estos lugares consolida no solamente la seguridad, la confianza sino el retorno también de las comunidades que allí nuevamente están habitando el territorio, tiempo atrás en medio del conflicto digamos que no era tanta la confianza para con la Fuerza Pública, pero hoy en día en cierta medida se goza de una convivencia importante”. (Testimonio de hombre adulto, San Carlos, 2010).

 

LAS MASACRES

Fecha: 27 de agosto de 1995
Sitio: Corregimiento El Jordán
Presunto autor: Sin identificar
Víctimas: 4

Fecha: 22 de marzo de 1998
Sitio: Corregimiento El Jordán
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 5

Fecha: 25 de octubre de 1998
Sito: Cabecera Municipal y Corregimiento El Jordán-Vereda La Holanda
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 19

Fecha: 19 de diciembre de 1998
Sitio: Corregimiento El Jordán
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 4

Fecha: 17 de junio de 1999
Sitio: Corregimiento El Jordán-Veredas La Holanda y Santa Isabel
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 12

Fecha: 12 de agosto de 1999
Sitio: Cabecera Municipal
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 6

Fecha: 26 de noviembre de 1999
Sitio: IPD El Chocó y Veredas La Esperanza y Buenos Aires
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 7

Fecha: 9 de diciembre de 1999
Sitio: Cabecera Municipal, barrio El Zulia
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 5

Fecha: 14 de diciembre de 1999
Sitio: TIPD El Chocó y Veredas la Esperanza, Pio XII, La Hondita y Aguadas
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 8

Fecha: 6 de febrero de 2000
Sitio: Cabecera Municipal-Sitio Puente Arkansas
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 4

Fecha: 6 de abril de 2000
Sitio: Corregimiento Samaná del Norte
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 4

Fecha: 15 de abril de 2000
Sitio: Vereda El Cerro
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 15

Fecha: 29 de mayo de 2000
Sitio: Cabecera Municipal y IPD El Chocó-Vereda Santa Inés
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 4

Fecha: 8 de octubre de 2000
Sitio: Cabecera Municipal, barrio Las Vegas
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 47

Fecha: 30 de diciembre de 2000
Sitio: Vereda San Miguel
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 5

Fecha: 10 de enero de 2001
Sitio: Cabecera Municipal, Vereda La María
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 4

Fecha: 11 de febrero de 2001
Sitio: Cabecera Municipal, Vereda Penoles
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 5

Fecha: 17 de febrero de 2001
Sitio: Veredas Buenos Aires y La Villa
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 5

Fecha: 17 de marzo de 2001
Sitio: Cabecera Municipal
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 13

Fecha: 23 de marzo de 2001
Sitio: Cabecera Municipal, barrios Villa Oriente,El Popo, El Alto y Plan 35
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 5

Fecha: 22 de junio de 2001
Sitio: Sin Identificar
Presunto autor: Sin identificar
Víctimas: 5

Fecha: 24 de julio de 2001
Sitio: San Carlos
Presunto autor: Farc
Víctimas: 5

Fecha: 10 de noviembre de 2001
Sitio: IP El Chocó y Vereda Buenos Aires
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 4

Fecha: 21 de marzo de 2002
Sitio: Vereda Buenos Aires
Presunto autor: Farc
Víctimas: 5

Fecha: 11 de mayo de 2002
Sitio: Veredas Vallejuelos y Puerto Rico
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 9

Fecha: 17 de julio de 2002
Sitio: Veredas San Miguel y Santa Rita
Presunto autor: Sin identificar
Víctimas: 7

Fecha: 29 de noviembre de 2002
Sitio: IP El Chocó
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 8

Fecha: 15 de enero de 2003
Sitio: Vereda Buenos Aires
Presunto autor: Guerrilla
Víctimas: 4

Fecha: 16 de enero de 2003
Sitio: Caserío Arenosas, Veredas Dosquebradas, La Tupiada y Dinamarca
Presunto autor: Frente 9 de las Farc
Víctimas: 17

Fecha: 10 de julio de 2004
Sitio: Vereda Altos de Samaná
Presunto autor: Farc
Víctimas: 7

Fecha: 19 de septiembre de 2004
Sitio: Corregimiento Santa Rita – Vereda Santa Rita
Presunto autor: Farc
Víctimas: 4

Fecha: 15 de noviembre de 2004
Sitio: Vereda Sardinata Grande
Presunto autor: Sin identificar
Víctimas: 5

Fecha: 29 de enero de 2005
Sitio: Vereda El Vergel
Presunto autor: Paramilitares
Víctimas: 7

 

Tomado de: Verdad Abierta, http://bit.ly/uf5UZp

noviembre 24, 2011

San Carlos, un premio y la alegría de retornar

La violencia los expulsó, pero muchos volvieron a la tierra que siempre quisieron y donde ahora viven felices. La cosecha: cerca de 10.000 retornados y el Premio Nacional de Paz.

 En San Carlos, hasta ahora pocos saben que la recuperación de su tragedia fue reconocida con el Premio Nacional de Paz. Pareciera que hay poco que festejar porque aún 10.000 sancarlitanos faltan por volver. O tal vez esperan que el galardón llegue hasta el pueblo y ahí sí celebrar porque la brega para que 2.500 familias retornaran, fue vista como ejemplo en el país.

Fueron 40 personas las que viajaron a Bogotá para recibir la distinción, desde el Alcalde hasta los líderes comunales que facilitaron el milagro en San Carlos: de 4.000 habitantes que llegó a tener en 2004 pasó a los 20.000. Pero aquí se quedaron las historias del pueblo del Oriente antioqueño donde las Farc, el Eln y las Auc mataron, secuestraron, pusieron minas y desaparecieron gente durante 15 años seguidos. Dejaron un pueblo fantasma, quebrado y sin producción agrícola.

Pero muchos hombres y mujeres volvieron del éxodo masivo y están levantando a San Carlos de las cenizas.

Julio Cesar Herrera, Enviado Especial, San Carlos | Luis Fernando Pamplona (foto) es un sancarlitano que padeció el conflicto tras pisar una mina antipersonal. Tras esa lesión escogió como opción recorrer las montañas de San Carlos para recibir las denuncias de posibles artefactos explosivos sembrados en las veredas de este municipio del Oriente antioqueño.

 

El espulgador de minas

Así hizo Luis Fernando Pamplona, un sancarlitano que pisó una mina antipersonal en 2005 y quien es el encargado de reportar la posible presencia de minas antipersonal en el municipio. “Es una noticia muy grande este reconocimiento porque hemos luchado mucho por esta tierra donde ahora vivimos con muchas dificultades, pero felices”, dijo Pamplona.

Nacido y criado en este terruño, trabajó como agricultor y vigilante de Isagén hasta que en 2003 el frente 9 de las Farc lo sentenció en la vereda La Garrucha. Con su esposa y sus dos hijas fue a dar a Medellín. “Pero no me quedé ni tres días porque uno como campesino no se aguanta eso. Se vuelve loco”.

De ahí fue a rodar a Quibdó, Bahía Solano, Cartagena y otra vez a Medellín. “Pero vea, allá también la guerrilla y los paras nos tenían asolados. Y me dije, prefiero volver a San Carlos que es mi pueblo, así tuviera que vivir esa guerra”, reiteró Pamplona.

En 2005, en San Carlos se puso a trabajar en construcción. En la vereda San Blas, en una mañana se escuchó una explosión que levantó de la tierra a Pamplona. “Quedé destrozado, con la cara quemada y un pie muy afectado. Pero gracias a Dios me recuperé y aquí estoy de nuevo”.

Ahora lo único que quiere este hombre de 39 años, es que sus vecinos de La Garrucha y los que faltan de las otras 72 veredas, vuelvan a San Carlos. Por eso se la pasa recorriendo sus montañas para recibir denuncias de la presencia de minas antipersonal. “En el año he reportado 50 casos y solo nos falta por atender dos situaciones”, explicó Pamplona.

“Sin este trabajo, las denuncias, el desminado militar y humanitario nadie hubiera podido regresar. Solo falta desminar cinco veredas donde no vive ni un alma”, reiteró.

Esfuerzo de todos

Son cuatro las condiciones que han propiciado el retorno. La primera es que los sancarlitanos tienen la voluntad de volver y la segunda es que la Fuerza Pública ha dado las garantías de seguridad en los lugares que fueron deshabitados. El tercer y cuarto factor es que las 25 instituciones comprometidas han posibilitado la rehabilitación social de esas zonas y han propiciado la generación de empleo digno en el municipio.

“Este reconocimiento valora que no nos hemos echado a la pena, que hemos tocado todas las puertas y creado los mecanismos para que San Carlos reviva”, dijo Ana Doris Betancur, secretaria de Gobierno del municipio.

Aún no se dan por enterados del Premio Nacional de Paz, pero en San Carlos se respira un aire nuevo.

En los balcones de las casas penden carteles que alertan: Retorno. Y en el muro de una vieja casona de tapia dice: “Desde que tuve la fortuna de retornar a mi pueblo, abrazar la gente con crecí (?), estoy convencida que jamás escatimaré esfuerzos para lograr el desarrollo de mi amado municipio”.

 

Texto e imágen tomada de: El Colombiano

Video de: Noticias Telemedellín.

noviembre 19, 2011

San Carlos: memorias del éxodo en la guerra

Desde el pasado martes 15 de noviembre y hasta el 6 de diciembre se realiza la IV Semana por la Memoria, organizada por el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reintegración (CNRR).

En esta semana se presentan cinco informes en los cuales se reconstruyen las historias de las masacres más cruentas y los desplazamientos forzados más significativos en Colombia.

Uno de ellos es Memorias del éxodo en la guerra, un informe que trata sobre el desplazamiento masivo en el municipio de San Carlos.

La intensidad con que en San Carlos, Antioquia, se produjo el desplazamiento forzado hace de éste un caso emblemático para leer las lógicas del conflicto armado.

A lo largo de este informe se intenta dar cuenta de la incidencia que ha tenido en el desarrollo de este conflicto en el Oriente Antioqueño la presencia de las principales centrales hidroeléctricas del país y sus diversos efectos sobre las personas y los territorios; de la magnitud de la violencia desatada por la heterogeneidad de los grupos armados que hicieron presencia en la región; y de cómo estos y otros hechos (entre ellos asesinatos selectivos, amenazas, masacres, desapariciones forzadas, voladuras de puentes y torres energéticas, tomas del pueblo, extorsiones, el minado, secuestros) se articulan produciendo en San Carlos lo que la población denomina como el “éxodo”: el paso de 1985 a 2006 de ser un municipio con aproximadamente 26.000 habitantes a uno con 11.000. Este caso también quiere resaltar la importancia de los procesos de organización social para la resistencia y reconstrucción de las sociedades.

 

Descargue el resumen del informe que se presenta en la Semana por la Memoria: RESUMEN SAN CARLOS MEMORIAS DEL EXODO EN LA GUERRA

[Fotogalería]:

 

Tomado de: Semana por la Memoria, http://bit.ly/soxehK

noviembre 17, 2011

Condenado exparamilitar que cobró por devolver cuerpo de una víctima a su familia en San Rafael

Un Juez de Bogotá condenó a 13 años de prisión a un desmovilizado del Bloque Metro de las Auc.

En octubre de 2001 desaparecieron en el municipio de San Rafael (Antioquia) el profesor Julio Ernesto Ceballos y el ex soldado Ángel Hipólito Jiménez. Según un Fiscal de Derechos humanos ellos fueron desaparecidos, torturados, asesinados y desmembrados por integrantes del bloque metro de las autodefensas.

“Al otro día del homicidio Yimmi nos dice que la familia preguntaba por el profesor y el soldado, que dijéramos que nosotros no sabíamos nada… dijo que eso ya se había hecho, que no comentáramos nada”, relató uno de los desmovilizados de las Auc durante el juicio.

En el municipio se organizaron brigadas de búsqueda de los desaparecidos que recibieron información falsa sobre su paradero. “No obtuvieron sino falsas noticias de su paradero: que estaba botado en un basurero, que en la represa, pero hasta allá fueron y solo hallaron a un perro muerto”, critica el juez en la sentencia.

16 meses después del asesinato la familia de Ceballos recibió una llamada de un hombre que le preguntó si estaban interesados en recuperar su cuerpo. Entre los familiares de la victima recogieron 1.500.000 pesos que ofrecieron a los paramilitares y cuyo pago fue coordinado por el ex paramilitar José Alexander Osorio alias ‘Candado’ condenado por el delito de extorsión.

“Después del asesinato, no mostraron el más mínimo sentimiento de humanidad para aliviar el sufrimiento y la zozobra de los familiares, todo lo contrario, en vez de dejar los cuerpos en un sitio en donde pudiesen ser descubiertos y sometidos al natural rito de un entierro digno y posibilidad de proceder a la elaboración del duelo, los trasladaron a otro sitio más escondido para evitar que los encontraran. Y la crueldad no paró allí, sino que además los visitaban para preguntarles, cuánto estarían dispuestos a pagar por la entrega de los cadáveres, hasta que les arrancaron un millón y medio de pesos a cambio de los huesos esqueletizados”, señaló el juez 56 penal.

Agregó que “las víctimas fueron sometidas a un macabro juego en el que los torturaron con interrogatorios respecto de unas extorsiones que al parecer desplegaron sin reportarlas al grupo armado ilegal y después, se escarnecieron con ellos diciéndole que a los últimos que quedaran atados, serían los que a sangre fría asesinarían, en tétrica escena de la que los asesinos conocían su final, puesto que ya los jefes del grupo ilegal así lo habían dispuesto.

 

Tomado de: El Tiempo, http://bit.ly/ruUx5h

noviembre 16, 2011

En la Semana por la Memoria se habla sobre el desplazamiento masivo en San Carlos

Desde ayer martes y hasta el 6 de diciembre se llevará a cabo la IV Semana por la Memoria que organiza el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reintegración (CNRR), que hará públicos cinco informes sobre masacres y casos de grandes desplazamientos forzados.

Conversatorios y exposiciones acompañarán los informes sobre el desplazamiento masivo en San Carlos (Antioquia) y en la Comuna 13 de Medellín, otro sobre mujeres y guerra en el caribe colombiano. Los dos restantes son “Silenciar la Democracia: las Masacres de Remedios y Segovia 1982-1997 y uno más denominado “El Orden Desarmado. La Resistencia de la Asociación de los Trabajadores Campesinos del Carare”.

Estos casos condensan, según la CNRR, “múltiples procesos, modalidades y expresiones regionales del conflicto y de victimización. Se ponen en la escena pública las autorías, las responsabilidades y los impactos sociales y políticos de la violencia”.

Varias de las víctimas de los casos de San Carlos y la Comuna 13 participaron de un conversatorio para hablar de su experiencia como desplazados.

Estas víctimas mostraron el fenómeno del desplazamiento forzado intraurbano en un escenario de disputa entre milicias, guerrillas, paramilitares y Fuerza Pública.

El informe sobre San Carlos revela las causas y consecuencias de un desplazamiento masivo que provocó que de, 26 mil habitantes en 1985, este municipio pasara a 11 mil en 2006.

 

Tomado de: El Colombiano, http://bit.ly/sVEBzD

noviembre 15, 2011

Ocho militares fueron condenados a 20 años de cárcel por “falso positivo” en Guarne

Ocho militares fueron condenados hoy a 20 años de cárcel cada uno, como responsables de un falso positivo en el cual fue asesinado un campesino, reportado después como guerrillero muerto en combate.

Los 8 militares, que además deberán pagar mil salarios mínimos mensuales a la familia de la víctima por perjuicios morales, son el subteniente Edgar Andrés Torres Hurtado; el cabo primero Andrés Cervantes Blanco; el cabo segundo César Felipe Castillo y los soldados profesionales Darío Blandón Ruiz, Joaquín Ferney Hidalgo Higuita, Carlo Alberto Villa Cañón, John Jairo Posada Arroyabe, y Henry Alberto Herrera Pereira.

El juez 27 penal del Circuito de Medellín otorgó a los condenados una rebaja de un tercio de la pena, tasada inicialmente en 30 años, por haber aceptado los cargos.

La víctima del falso positivo fue el civil Sandro Alberto Montoya Mejía, quien apareció muerto el 13 de marzo de 2005 en la vía Medellín – Guarne.

El campesino fue visto por última vez cuando abordaba una motocicleta en Caldas (Antioquia), municipio donde residía con su familia, horas antes de ser reportado como abatido durante enfrentamiento armado.

En su providencia el juez señaló que asiste razón a la Fiscalía al sostener la inexistencia de combate, pues advirtio que “de ninguna manera se perfila en el actuar de los militares hoy procesados que estos hubiesen obrado en legítima defensa ante agresión armada”.

 

Tomado de: Radio Santa Fe, http://bit.ly/srjWOv

noviembre 12, 2011

La infamia de los niños robados para la guerra en el Oriente antioqueño

MILES DE MENORES han sido víctimas del reclutamiento forzado de los grupos armados ilegales. Muchos murieron y yacen en cementerios como N.N., en regiones como el Oriente antioqueño. Estas son algunas de sus historias.

Juan Carlos Monroy Giraldo | Cinco años de dolor e incertidumbre sin conocer el paradero de Luz Aída e Isnarda llegaron a su fin hace 15 días, cuando los familiares recibieron los restos óseos de las muchachas reclutadas a la fuerza por las Farc en Nariño (Antioquia). Ambas murieron en 2006 en un combate con el Ejército. María, la madre de Luz Aída, de 13 años, solo creyó que era su hija cuando pudo tocarla.

Frente a los dos ataúdes se reúne expectante la familia mientras un antropólogo forense les informa que los cuerpos de las dos jóvenes los encontraron sepultados como N.N. (sin identificar) en un cementerio y que los reconocieron por el ADN. “Murieron de impactos de fusil en un combate”.

Pero María no puede creer que los restos óseos de su hija Luz Aída estén en ese pequeño cofre color marrón que el sacerdote roció con agua bendita. Los rumores callejeros de que podrían entregarles los huesos o cenizas de cualquier otra persona muerta la atormentan en la ceremonia en el búnker de la Fiscalía General de la Nación, en Medellín.

Por eso decide abrir el féretro y pasa su mano por el cráneo al que no le quita la mirada. Lo revisa y se esfuerza para contener las lágrimas. “Es mi hija, ese dientecito salido y la cabeza pequeña me dicen que es ella”.

El alivio que siente en su corazón de madre es suficiente para sonreír, porque al fin tiene a su hija otra vez junto a ella. Aunque sean sus restos. “Ahora podremos darles una sepultura digna y visitarlas. Es muy doloroso recibir estos restos, pero descansamos después de tantos años”, confiesa María al final de la misa.

Pero no está sola en su dolor. A su lado se encuentra el ataúd con los restos de Isnarda Ramos, tía de Luz Aída. Para María Delfa, la madre, es un doble dolor. Tiene frente a ella a su hija y su nieta muertas. La atormenta pensar el sufrimiento de sus niñas cuando murieron en un combate con tropas del Ejército, en 2006.

“¿Tienen solo heridas de bala o algo más?”, le pregunta a los forenses. El antropólogo responde sosteniendo el cráneo de Isnarda en sus manos. “Los análisis indican que fue rápido y no sufrieron. Luz Aída recibió un disparo en la cabeza e Isnarda murió por varios impactos de bala, uno en su pierna que la causó un trauma vascular severo”.

La explicación alivia los rostros tristes y humedecidos por las lágrimas de una docena de familiares. Tras la misa, el cortejo parte al cementerio San Pedro. Los ataúdes llegan en los brazos de los padres de ambas víctimas.

“Qué ironía… juntas murieron y juntas quedaron en su última morada”, es la frase que sale del alma adolorida y los labios de Dúber Ávila, padre de la niña Luz Aída, mientras observa los féretros deslizarse en las bóvedas.

Él sabía ese destino final de ambas jovencitas desde hace cinco años, tan solo un mes después de que su hija de apenas 13 años desapareció en el camino a la escuela en la vereda San Andrés, de Nariño (Antioquia).

La niña salió caminando de su casa, en la vereda El Cóndor, al comenzar la tarde del 24 de junio de 2006. Iba para la clase de Catecismo. Estaba ilusionada con su Confirmación, pero nunca llegó a su destino.

Al ver que no aparecía, sus padres salieron a buscarla, sin hallarla en la vereda. Al día siguiente -relata Dúber- unos campesinos les contaron lo que vieron horas antes. “Nos dijeron que unos guerrilleros se llevaron a la niña amarrada de manos y llorando”.

La madre, desesperada, quiso salir a buscarla a uno de los campamentos del frente 47 de las Farc en la zona. Su esposo no la dejó. Temía que la mataran por reclamarles a su hija.

Un mes después, por los mismos días en que el ruido estrepitoso de los combates los angustiaba por el riesgo para su hija reclutada a la fuerza por la guerrilla, llegó un mensaje que confirmó sus temores.

Era una carta escrita a mano y firmada por alias “Karina”, la temida jefe del frente 47 de las Farc. “Decía que ‘Tatiana’ y ‘Vanesa’ habían muerto en un combate y que los cuerpos estaban enterrados en un cementerio en Caldas”, recuerda Dúber.

La carta devastó a dos familias, pues la mala noticia no solo informaba la muerte de Luz Aída, sino de Isnarda (tía de la menor), a quien se llevaron a la fuerza las Farc nueve años antes.

Por eso sabían que a ella le habían cambiado su nombre por el de “Tatiana”. A Luz Aída le decían “Vanesa”.

“Me voy a morir aquí”

La tragedia para la familia comenzó en 1997. Isnarda también tenía 13 años cuando un día llegó de la escuela a su casa en la vereda San Andrés, en Nariño. Cursaba sexto de bachillerato. Sus hermanos recuerdan que estaba nerviosa y hablaba poco en esos días.

La versión de la familia fue que salió con una muda de ropa y en el sitio La Arenosa se encontró con dos guerrilleros que la citaron. Se fue con ellos sin avisarle a nadie.

Los padres no se resignaron y caminaron hasta un campamento. A pesar de las súplicas, no les entregaron a la menor. “De aquí nadie se va, el que sale es con los pies pa’delante”, fue la dura respuesta de un guerrillero.

Un par de años después, Yurledy, una hermana, supo que un grupo de guerrilleros estaba cerca a la vereda y que allí estaba Isnarda. Le envió un mensaje para encontrarse.

La imagen de ese triste día no la olvida: “nos vimos en el monte, llegó con dos guerrilleros que la vigilaban, estaba con ese uniforme camuflado y un arma. Me dio tanto dolor verla así que le dije: ¿mamita, qué hacemos para que se vuele y vuelva a la casa?”.

Isnarda le respondió, en voz baja, que la advertencia era que si se escapan, mataban a los padres. Luego sentenció: “Sé que me voy a morir aquí”.

El grito de un subversivo “Tatiana, nos vamos ya, no dieron mucho tiempo” interrumpió el encuentro que no pasó de 10 minutos.

“Me dijo que en ese momento era la ranchera (cocinera). La vi hasta que se perdió entre el monte. Tenía solo 13 años cuando se la llevaron, le gustaba tanto estudiar, tenía un cabello largo, ojos tan negros y pestañas largas, esa dulzura al hablar… era la niña más hermosa de esa vereda”, cuenta Yurledy.

Meses después, la carta de alias “Karina” acabó con toda esperanza de recuperar con vida a Luz Aída y a Isnarda.

Pero la presencia atemorizante de las Farc en Nariño amedrentó a las familias y por eso no denunciaron el reclutamiento forzado y luego sus muertes.

La familia de Luz Aída no solo perdió a su niña cuando la guerrilla la plagió para sus filas. Meses después fue desplazada bajo amenazas, porque cerca a su finca las tropas abatieron a dos guerrilleros. Alias “Moncholo”, uno de los jefes del frente 47, ordenó que los asesinaran, tras culparlos de alertar a las tropas. Luego minaron la finca.

A finales del año pasado, un militar les indicó a los padres que las niñas reclutadas estaban sepultadas en el cementerio de Pensilvania (Caldas) sin identificar. La familia informó a la Fiscalía y un equipo del Grupo de Identificación de N.N. y Desaparecidos del CTI viajó para exhumar los restos e identificarlos.

A pesar de que fueron sepultadas como N.N., cuatro años atrás, el sepulturero sabía dónde reposaban los cadáveres. “Lo sé bien porque eran muy jóvenes y bonitas”, les dijo a los técnicos judiciales.

En los laboratorios en Medellín se cotejaron las muestras de ADN de esos restos con las de los padres y así se confirmó la identificación. Cinco años después habían encontrado a Luz Aída y a Isnarda. El pasado 28 de octubre fueron entregadas a sus familias.

El año pasado, en versiones libres ante la Fiscalía como desmovilizada, Elda Neyis Mosquera, alias “Karina”, declaró sobre el caso. Los familiares de Luz Aída e Isnarda no quisieron asistir. La rabia y el dolor no se los permitieron.

Luego se enteraron de que la exjefe guerrillera confesó que en julio de 2006 el campamento en el que estaba fue bombardeado. Escapó con una cuadrilla con ambas menores, que fueron reunidas semanas antes. Pero ocho días después, el 29 de julio, el grupo fue ubicado y se produjo el combate con las tropas.

Luz Aída, de 13 años, e Isnarda, que ya tenía 22, y después de nueve años de vida usurpados en una guerra que nunca pidió luchar y que la despojó de su juventud y hasta de su nombre, cayeron muertas en el enfrentamiento.

Sobrina y tía murieron juntas. Ese trágico final aún aflige a Dúber, el padre de Luz Aída: “Se la llevaron apenas un mes antes de ese combate… ella qué iba a saber coger un arma si lloraba de día y de noche”.

Eso le narraron unos campesinos, que la vieron varias veces sollozar cuando se bañaba en una quebrada.

Fusilados y desaparecidos

De nada sirvieron las súplicas de la madre a la jefe guerrillera las dos veces que se adentró en las montañas de Argelia decidida a rescatar del mismo campamento a su hija plagiada el 16 enero de 200o. “No insista más compañera, ya le dije que no se la voy a entregar… ella ya es de la revolución”, le respondió, a secas “Karina”.

Celina había caminado sola durante siete horas para llegar hasta ese campamento alejado en las montañas. Pero volvió a su casa sin Flor Daney, de 14 años recién cumplidos. No puede olvidar esa larga y amarga caminata: “fue un día entero de ida y regreso para llegar con las manos vacías a llorar y a sufrir por mi hijita”.

Tampoco puede borrar esa imagen de su memoria cuando tres guerrilleros irrumpieron en su humilde casa a borde de carretera y dijeron “vinimos por ella”, como si fuera de su propiedad.

La niña interrumpió su juego en el corredor de la casa y se escondió tras la madre que intentó defenderla. Cuando vieron que se resistía, recurrieron a otro método -recuerda Celina-. “Le pusieron un arma en la cabeza y le dijeron que si no se iba con ellos la mataban ahí… la niña se fue llorando y yo detrás de ellos rogándoles con mis lágrimas”.

Solo las amenazas de muerte detuvieron a la madre. No se rindió y al día siguiente fue hasta el campamento que las Farc tenían en la vereda La Quiebra. Celina palideció al ver a su hija sentada en un rastrojo. Estaba amarrada de manos y cabizbaja.

Pidió hablar con “Karina” y sin vacilación confrontó a la temida comandante para recuperar a su hija. La respuesta la dejó sin aliento: “ella no se va porque me debe un castigo, váyase o la dejamos a usted aquí”.

Meses después una desmovilizada le informó que la pequeña Flor Daney había sido fusilada y enterrada, tras ser acusada de “ser una infiltrada de los paramilitares”. Las autodefensas habían llegado en esa época al Oriente antioqueño a confrontar a las guerrillas.

“Cómo que mi niña era una ‘paraca’, si era buena estudiante, muy juiciosa y su sueño era ser profesora”, reclama todavía su madre, quien clama ayuda para encontrar sus restos.

Eran los tiempos en que los frentes 47 y 9 de las Farc se apoderaron del Oriente antioqueño a sangre y fuego. Las tomas guerrilleras a pueblos se repetían una tras otra, secuestros y las “pescas milagrosas” en las carreteras sembraban el terror en la población. La Fuerza Pública tenía escasa presencia y pueblos como Argelia no tenían ni un policía.

Los niños eran sacados de sus casas, asediados en las escuelas o seducidos con ofertas de dinero para robar su inocencia con la promesa del poder impuesto por las armas.

No hay certeza de cuántos niños han sido reclutados en Colombia. Pero son millares. Según los estudios de organismos como Unicef o la ONG Human Rights Watch, se calcula que fueron entre 8.000 y 11.000 y que uno de cada cuatro combatientes de los grupos armados en Colombia es menor de 18 años. La edad promedio de reclutamiento forzado es entre 12 y 14 años.

Eso lo vio con sus propios ojos Yurledy, la hermana de Luz Aída, la niña plagiada en Nariño. “Uno veía pasar la guerrilla en esa época por decenas y veía esa cantidad de pelados, sobretodo niñas, tan lindas, con esas maletas tan pesadas a la espalda y esas armas. Le decían a uno que no querían estar ahí y que no las dejaban ver a los padres”.

Las cifras del Programa de Atención al Desmovilizado del Ministerio de Defensa reflejan la tragedia de miles de niños reclutados por las guerrillas y las autodefensas.

Entre 2002 y agosto de 2011 se registraron 24.070 entregas voluntarias de integrantes de estos grupos ilegales. De éstos, 3.220 eran menores de edad. A ellos se suman otros 2.345 que se desmovilizaron colectivamente con los bloques de las Auc.

Las confesiones de “Karina”

Las confesiones de guerrilleros desmovilizados han demostrado, según la Fiscalía, que el reclutamiento de menores fue una práctica sistemática del frente 47 en el Oriente antioqueño. Solo “Karina” reconoció ante un fiscal de Justicia y Paz el reclutamiento de 108 niños, entre 1998 y 2006.

Muchos de esos menores están muertos porque fueron fusilados o murieron en combates. La exjefe subversiva reconoció 80 fusilamientos, muchos de ellos de menores. Las causas que adujo fueron “desobediencia”, por ser “infiltrados” o “desmoralización”.

Esta barbarie sucedía a pesar de que en 1999, frente al representante del secretario general de Naciones Unidas, Olara Otunu, el tercer jefe de las Farc, “Raúl Reyes”, firmó un compromiso de no reclutar menores de edad. Un año antes lo suscribió el Eln durante los diálogos de paz con el Gobierno en Mainz (Alemania).

Era una apuesta para salvar vidas inocentes de niños que nunca se cumplió. Eso lo vivió en carne propia Luz Dary Rendón el 28 de marzo de 2002, cuando le raptaron a su hija Sandra Marcela. Era un día de mercado y madre e hija salieron al parque de Argelia a comprar verduras. La plaza estaba llena de gente, pero la guerrilla actuaba a su antojo sobre una población indefensa y por eso dos milicianos en una moto se detuvieron y a la fuerza se llevaron a la niña.

Días después la madre se armó de valor y se fue al campamento decidida a rescatar a su pequeña de apenas 14 años. No iba a dejar que le arrebataran sin luchar a la “niña juiciosa” que estaba en cuarto de primaria, que le gustaba jugar basquetbol, ayudar con los oficios de la casa y a quien llamaban en el pueblo “Cuquita”.

Pero al llegar a la zona de Río Verde, donde estaba el grupo de guerrilleros, la escondieron. “Les rogué que me la entregaran, que era una niña y que tenía un piecito más largo que el otro y eso le impedía caminar bien como para estar en el monte”, relata Luz Dary sin poder ocultar la tristeza que la invade al recordarla.

Otra vez salió a relucir la indolencia de esos hombres con un fusil. “No pregunte más por ella, que aquí está muy bien… lo de los pies no es problema, así hay mucha gente aquí… y no vuelva que esos paseos le pueden salir caros”.

No se volvió a saber de la adolescente hasta ocho días después, cuando se escuchó un rumor en el pueblo: “mataron a Cuquita”. Tres jóvenes intentaron fugarse, pero los guerrilleros los atraparon. La orden fue fusilarlos.

El triste final de los tres niños se los confirmó un campesino que vio cómo los llevaban amarrados a un sitio montañoso. Luego se escucharon disparos. Al revisar la zona, él descubrió tierra removida.

Hace dos años la Fiscalía encontró allí tres restos óseos de personas. Luz Dary espera la identificación y que se confirme la identidad de los cuerpos y para eso ya entregó muestras de ADN. Vive con la esperanza de que llegue el día de esa entrega de restos para reencontrarse con su hija.

Pero no fue el único hijo que perdió por la violencia. Tres años antes, el 10 de mayo de 1999, Rigoberto, de 17 años, desapareció cuando viajaba en una chiva para ir a “jornalear” a una finca. La versión que les dieron en esa zona fue que la guerrilla detuvo el vehículo y se llevó a varias personas. “A él también lo mataron y aún no lo encontramos”.

No había compasión

Los crímenes y abusos contra los niños atrapados en el conflicto tienen testigos porque algunos, como Álex (nombre cambiado), sobrevivieron al reclutamiento. En 1999 hombres armados lo sacaron de su casa en Argelia mientras jugaba con tres amigos. Tenían entre 12 y 14 años.

“Me mandaron al frente 47, a andar por veredas de Argelia y Nariño y a ellos a otros frentes. Nunca los volví a ver. Estuve 11 meses, me dieron un arma. Un día de guardia me volé, corrí por horas y agarré una mula en el camino. Llegué al pueblo y me le entregué a un soldado”, relata.

En esos 11 meses en la guerrilla presenció los maltratos. También cómo eran asesinados varios menores que intentaron fugarse. Recuerda que los insurgentes los perseguían por las trochas y los traían amarrados y luego se los llevaban a algún paraje fuera del campamento. “Cuando los cogían llegaban llorando, suplicaban que no los mataran, pero allá no había compasión. Los que ajusticiaban volvían solos y decían que eso les pasaba a los que se fugaban. Los enterraban o tiraban a los ríos”.

La justicia avanza con lentitud y dificultades. Así lo reconoce el fiscal Mauricio García, que desde junio procesa a “Karina” y unos 60 guerrilleros desmovilizados. “Es una prioridad pendiente porque es un crimen de guerra reclutar niños. Hay atrasos porque antes solo había dos fiscales (ahora son 10) asignados a los casos de guerrilla y así era imposible progresar en las audiencias”.

La búsqueda de cientos o quizás miles de niños víctimas del reclutamiento forzado, que murieron fusilados por la misma guerrilla o en combates y cuyo paradero se desconoce, es una de las tareas más complejas para la Fiscalía (ver recuadro).

Contra el terreno agreste, el clima inhóspito y los hostigamientos de los violentos, luchan a diario los equipos de exhumaciones que rescatan los restos en fosas. El duro trabajo de identificación sigue en los laboratorios.

Entre esos miles de cuerpos enterrados están los niños perdidos en la guerra.

» Sigue búsqueda de los desaparecidos y no cesa el reclutamiento

En los cementerios y fosas está la verdad

La Fiscalía realiza un proceso de identificación de las víctimas de desaparición forzada cuyos restos han sido hallados en fosas comunes en el país. Las muestras de ADN se cotejan con las entregadas por los familiares. Esa labor se complementa ahora con la identificación de los cuerpos sepultados, sin identificar, en los cementerios del país.

Mercedes Palacio, coordinadora del Grupo de Identificación de N.N y Desaparecidos del CTI de la Fiscalía, indica que muchos niños reclutados que murieron están en los camposantos. “La magnitud del reclutamiento forzado se conocerá cuando se identifique a los N.N. en los cementerios del país. Necesitamos que la gente colabore”, dice.

Solo en el Oriente antioqueño, una de las regiones más golpeadas por la desaparición forzada y el reclutamiento, se calcula que existen unos 2.000 restos sin identificar.

La Fiscalía ha exhumado 4.703 restos de víctimas de los grupos armados ilegales desde 2007 en todo el país, de los cuales han sido entregados a sus familias 1.374.

Antioquia es una de las regiones con mayor cantidad de restos hallados, 744 a la fecha. De éstos han sido entregadas a sus familiares 320 osamentas. Otros 838 restos permanecen en los laboratorios, en estudio.

Para suministrar información sobre desaparecidos. Tel: 4446677, ext.1152. Correo: ctinnmed-fiscalia@gov.co

Un crimen de guerra que continúa en Colombia

El reclutamiento forzado de menores es uno de los principales males ocasionados por el conflicto en Colombia.

Según fuentes militares y organismos como la Defensoría del Pueblo, los niños son usados por las guerrillas y bandas criminales no solo como combatientes, sino como “carritos”, informantes o campaneros, para el transporte de armas e, incluso, para la fabricación de minas antipersonal. Las niñas son víctimas de abusos sexuales. También son sometidas a abortos.

El Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo ha reportado desde 2008 158 situaciones de riesgo de reclutamiento forzado de menores de edad en 178 municipios de 20 departamentos.

Los departamentos con más denuncias recibidas son Cauca, Meta, Guaviare, Antioquia, Tolima, Huila, Caquetá, Nariño, Arauca, Norte de Santander y Chocó.

Las Farc son responsabilizadas de 127 de las 158 situaciones de riesgo denunciadas, mientras que Eln aparece en 50 casos. Las bacrim también son denunciadas.

El Derecho Internacional Humanitario prohibe a grupos armados reclutar a menores de 15 años o permitirles su participación en las hostilidades. El estatuto de Roma considera “crimen de guerra” el reclutamiento. En Justicia y Paz, los excomandantes de las Auc Freddy Rendón Herrera, “el Alemán”, y Ramiro Vanoy fueron acusados de reclutar a 692 menores.

*Publicación de fotos y nombres de los menores fue autorizada por padres para ayudar a encontrarlos.

Tomado de: El Colombiano, http://bit.ly/vJ074n

noviembre 10, 2011

Después de doce años condenan a guerrilleros de las Farc por la toma a Nariño

Cuarenta años de prisión purgarán cada uno de los cinco ex integrantes de las Farc condenados por la toma guerrillera realizada por los frentes 9 y 47 de ese grupo guerrillero, el 30 de julio de 1999 en el municipio de Nariño, Oriente antioqueño.

Para Roberto Muñoz, actual alcalde de Nariño, la sentencia conocida ayer es ejemplarizante y a pesar de que hayan pasado tantos años, no logran reparar el daño que se le causó al municipio y a la ciudadanía. “De esa toma quedaron muchas viudas y huérfanos y muchos requirieron de recuperación física y sicológica”, puntualizó Muñoz.

Según Muñoz, después de esa incursión guerrillera se desplazó el 50% de su población, que pasó de tener 18.000 habitantes a poco más de 9.000. Las formas de vida campesina cambiaron, el comerció se vino al piso y ha sido muy difícil su recuperación.

Seis años después de esa toma, entre 2005 y 2006, hubo varios desplazamientos masivos en algunas de las veredas, lo que ayudó a la disminución de la población.

Con el pasar de los años, los campesinos han ido retornando gota a gota, como lo afirma el alcalde municipal, quien espera que dentro de un año, la población aumente, por lo menos, en unos 1.000 habitantes más.

Hoy Nariño vive en una tranquilidad relativa, con presencia subversiva según el alcalde Muñoz, quien además afirma que pasados 12 años de la tragedia aún faltan edificaciones por reconstruir, entre ellas, el Palacio Municipal.

 

Texto y fotografía tomada de: El Mundo, http://bit.ly/uqpj1p

noviembre 9, 2011

Por la toma a Nariño condenan a 40 años de cárcel a cinco guerrilleros de las Farc

Así quedó el municipio de Nariño luego de la sangrienta toma guerrillera. Fotos extraídas de: http://narinoantkomyno.blogspot.com/

 

La decisión fue tomada por un juez del Circuito Especializado de Antioquia.

La condena es contra cinco ex guerrilleros por la sangrienta toma de Nariño (Antioquia), en la que murieron nueve agentes de la Policía, siete civiles y resultaron heridas 16 personas.

La toma fue realizada el 30 de julio de 1999 por los frentes 9 y 47 de las Farc, cuando atacaron a la mencionada población, destruyeron la alcaldía, algunos almacenes, casas y la estación de Policía.

Los guerrilleros también activaron un carro bomba, utilizaron cilindros de gas para replegar a la Fuerza Pública y a la población y saquearon el Banco Agrario.

La toma terminó el 1 de agosto, fecha en la que la guerrilla asesinó en la plaza principal al comandante de la Policía del municipio y secuestró a ocho integrantes de esta institución.

Según la Fiscalía, entre los condenados se encuentra Pedro Pablo Montoya, alias ‘Rojas’, quien recibió detención preventiva en centro carcelario el 15 de diciembre del 2008.

‘Rojas’ fue el subversivo que le cortó la mano al ex jefe guerrillero ‘Iván Ríos’ para entregársela a las autoridades como prueba de que estaba muerto.

Por los hechos violentos de Nariño, la fiscalía lo acusó de terrorismo, homicidio múltiple agravado, tentativa de homicidio múltiple, secuestro extorsivo, hurto y daño en bien ajeno.

De acuerdo con la Fiscalía, otros de los guerrilleros condenados son Montoya Cortés, Hernán Gutiérrez Villada, Carlos Buitrago Osorio, Iván de Jesús Zuluaga Jiménez, y Arnulfo Ríos Henao, a quienes se les había imputado los delitos de terrorismo, homicidio agravado, secuestro extorsivo y rebelión.

Actualmente todos los condenados se encuentran privados de la libertad en centros carcelarios, excepto Arnulfo Ríos Henao, alias ‘Muelas’.

 

Texto tomado de: El Tiempo, http://bit.ly/t97L3e

Fotografías: http://narinoantkomyno.blogspot.com/