Posts tagged ‘Retorno a San Carlos’

diciembre 11, 2012

Comisión Interamericana de Derechos Humanos destacó los procesos de retorno a San Carlos

Delegados de la Cidh recorrieron el país para analizar la situación de derechos humanos y mirar los proyectos del Gobierno a favor de las víctimas. La visita favoreció a Colombia para que saliera de la “lista negra” por violaciones de DD.HH.

Domingo_9_12_2012@@desplazados_graUnas 2.000 familias que habían sido desplazadas por la guerrilla y los paramilitares regresaron este año a San Carlos.  / Foto archivo: El Mundo

Una de las experiencias que más le impactó a la delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Cidh, en su  paso por Colombia fue el proceso de retorno de más de 10.000 campesinos que habían sido desplazados de San Carlos, Oriente antioqueño, municipio que además fue el primero del país declarado libre de minas antipersonal.

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noviembre 29, 2012

Gracias a un convenio, ocho familias desplazadas radicadas en Envigado retornarán a San Carlos

Foto archivo: cortesía.

Con la firma del convenio entre Héctor Londoño Restrepo, alcalde de Envigado y María Patricia Giraldo Ramírez, alcaldesa de San Carlos, comienzan a materializarse las acciones que permitirán el regreso de 8 familias que abandonaron sus hogares debido al conflicto armado que se vivió en el país y particularmente en el Oriente antioqueño.

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agosto 10, 2012

Firman convenio para la reparación integral de familias retornadas a San Carlos

María Patricia Giraldo Ramírez sufrió el flagelo del desplazamiento forzado en su vereda Santa Rita de San Carlos, hoy, como alcaldesa del municipio, adelanta diferentes proyectos para la atención de familias retornadas a esta localidad del Oriente antioqueño.

El convenio entre  la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas del Conflicto y la Alcaldía de San Carlos, fue suscrito por 4.323 millones de pesos. / Foto: cortesía.

La tenacidad de una alcaldesa víctima del desplazamiento forzado y el esfuerzo de otras 12.150 personas que retornaron para reconstruir sus proyectos de vida, confluyeron en un convenio por $4.323 millones con el municipio de San Carlos.

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agosto 2, 2012

Retornados a San Carlos inaugurarán sala de procesos y centro de acopio piscícola

Foto archivo: minuto30.com

60 productores que hacen parte de la Asociación de Piscicultores del municipio de San Carlos, en su mayoría desplazados por la violencia y que han retornado a la localidad, inaugurarán mañana viernes 3 de agosto a las 10:00 a.m, la sala de procesos y centro de acopio piscícola.

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julio 4, 2012

Desplazados de San Carlos tendrán 346 viviendas nuevas

La construcción de estas viviendas, anunciada por la Alcaldía de Medellín, hace parte de las 10.000 unidades asignadas a la ciudad y están dentro del paquete de las 100.000 propuestas por el Gobierno Nacional.

Foto: El Mundo.

 

El alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, anunció que un proyecto de 346 viviendas nuevas se construirá como parte del plan de retorno voluntario de desplazados, hacia esa localidad del Oriente antioqueño, el cual se desarrolla desde 2009 con el apoyo de 25 instituciones públicas y privadas.

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enero 25, 2012

Una chiva que simboliza huir de la violencia y regresar a la libertad, en San Carlos

Este vehículo hoy transporta materiales para apoyar a la población que regresa a sus parcelas.

Antes de poner en marcha el motor de la chiva, Jesús María Galvis desmontó primero la maleza que había crecido dentro del vehículo tras varios años de abandono.

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enero 18, 2012

Gobernación quiere replicar el modelo de retorno de desplazados aplicado en San Carlos

Video de: Teleantioquia Noticias.

diciembre 28, 2011

San Carlos recibirá certificación como primer municipio colombiano libre de sospecha de minas antipersona

El municipio del Oriente antioqueño recibirá esta semana la certificación como primera población del país libre de sospechas de minas antipersonal. Destruyeron más de 500 artefactos explosivos en los últimos cuatro años.

Archivo | De las 438 víctimas reportadas este año (hasta noviembre), 132 civiles y 237 miembros de la Fuerza Pública quedaron heridos; mientras que 20 civiles y 49 uniformados murieron en el país por la acción de las minas antipersonal.

 

Más de 500 artefactos explosivos destruidos en los últimos cuatro años permitieron limpiar de estas trampas mortales trochas, caminos veredales, fincas y hasta escuelas minadas por guerrillas y paramilitares en San Carlos, que esta semana será reconocido por el Gobierno Nacional como el primer municipio de Colombia libre de sospechas de minas antipersonal.

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diciembre 21, 2011

Acto de reparación simbólica a 285 familias víctimas de la violencia en San Carlos

Panorámica zona urbana de San Carlos. // Foto: cortesía Administración Municipal de San Carlos.

Ayer miercoles en San Carlos, se realizó un evento de reparación simbólica con 285 familias que han retornado desde Medellín hasta ese municipio del Oriente antioqueño. 

Una de las actividades incluyó la Chiva-Museo del Retorno, en la que se exhibieron prendas de vestir, instrumentos para arar la tierra, fotografías, imágenes de santos, entre otros objetos, que fueron facilitadas por las familias que han regresado al municipio. 

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diciembre 5, 2011

La historia de Luis García, una sancarlitano que retornó a su recuerdo

La memoria, la reconciliación y el retorno que se tejen en este municipio del Oriente son un proceso que, para muchas víctimas, se anhela culminar con el encuentro de sus desaparecidos.

Intentó regresar a su finca pero no encontró el camino. La maleza, el miedo y la muerte le seguían en su intento por retornar. Durante seis meses ‘le dio vuelta’ al lugar abandonado hace 10 años y abrió de a pocos la trocha, trabajó durante el día y regresó a dormir a San Carlos o a Medellín.

Nadie en casa lo apoyó: primos, yernos y familiares muertos, dos desplazamientos que trajeron pobreza y humillación. Años de zozobra y de guerra. Lo de menos era la finca, sus cafetales, bestias y alegrías perdidas. Regresar era despertar los recuerdos y lidiar con ellos todas las noches.

Luis Eduardo García, 67 años, manos nudosas, machete y linterna al cinto, decidió retornar a su finca en San Carlos, oriente de Antioquia, pese a las advertencias de sus ocho hijos y de su propia esposa, quien no lo quiso acompañar a levantar lo que otros usurparon y entregaron al olvido.

Lo primero que encontró en la casa, cubierta por las ramas, fue su sombrero que estaba esperándolo para comenzar el jornal. Poco le quedaba de aguadeño porque curtido, empolvado y  doblado en sus puntas se convirtió en un bicorne -como el de Napoleón- pero al estilo campesino.

Durante varios meses no tuvo ninguna compañía en la finca. “Ni siquiera un perro con quien conversar ni un radiecito porque no tenía energía”. Pasaba semanas sin hablar con nadie y, en las noches, enfrentaba sus miedos cuando apagaba las velas y no había ningún guardián que latiera y avisara –como en otras épocas– que algo o alguien se acercaba.

Su primera compañía fueron las gallinas que, según él, le alegaban con su cacareo todos los días. Luego regresó la luz. La yuca, el plátano, los árboles frutales, el maíz y el fríjol también volvieron, de a pocos,  gracias a su trabajo. “Cuando haya harta comidita yo me voy para allá”, le dijo su esposa. ‘Don Luis’, como le dicen en el pueblo en memoria de un pasado que nunca volverá, ya completó un año de haber retornado a su finca.

Cicatrices de una violencia que no se olvida

– ¿Don Luis, y cómo van las guaguas?

– Eso por hay de vez en cuando se ven y siempre hay varias grandes como pa’ la cacería en estos días. ¿Y usted al final dónde está, vecina?

– Yo me quedé en Medellín, yo por aquí no vuelvo. Oiga, ¿y sí es cierto que por aquí andan desapareciendo gente? Es que a mí me han dicho muchos que San Carlos es una bomba de tiempo.

– Por aquí la gente se desaparece cuando se pone a jugar ‘escondidijo’. Respondió Luis con una sonrisa burlona que dejó ver sus calzas de amalgama.

Ahora, un sábado en el parque de San Carlos hace olvidar la guerra allí librada: vendedores de rifas con sus megáfonos, casas con las puertas abiertas, trabajadores de la panela organizándola para distribuirla. Sin embargo, basta con rodear la iglesia principal y caminar media cuadra para encontrar que ni siquiera en lo más superficial, las fachadas del pueblo, se ha borrado la huella de la violencia.

Aún permanecen en algunas de ellas letreros tímidamente borrados de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y de las ACCU (Autodefensas de Córdoba y Urabá), dos de los siete grupos ilegales que, según el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), actuaron los últimos 30 años en este municipio.

Escuchar a las personas del pueblo es darse cuenta de que nadie estuvo a salvo mientras la violencia arrasó con todo. En el reciente informe de la CNRR sobre San Carlos no lograron determinar el número preciso de asesinados en las últimas tres décadas, aunque identificaron al menos 33 masacres, 156 desapariciones forzadas y 78 víctimas de minas antipersonal. Otro de los datos rescatados en el informe habla de 219 personas que murieron en masacres entre 1998 y 2005.

“Este mango y esta ceiba del parque han sido testigos de tanto dolor, de tantas muertes, de las ocasiones en las que sonaron las campanas porque estaban enterrando a la gente. Hoy es un momento sublime de la memoria, para vivir con tranquilidad el presente y ayudar a construir el futuro”, dijo la concejala Pastora Mira, una de las líderes del proceso de retorno y reconciliación en San Carlos.

Bajar al pueblo para vender y para huir

“Había días que uno bajaba al pueblo y se encontraba dos, ocho y hasta diez muertos. Hubo un día que se juntaron más de 15”, dijo Luis, quien llegó tarde el pasado sábado 26 de noviembre a la ceremonia de inauguración del Jardín de la Memoria, monumento en el parque de San Carlos que recordará a quienes murieron, desaparecieron, sufrieron algún tipo de violación a su honra y a aquellos que resistieron la violencia sin renunciar a su tierra.

Llegó embarrado, sin desayunar y tras hora y media de camino a pie. Era uno de las cientos de víctimas que se congregaron en el parque a recordar lo sucedido y a terminar simbólicamente el proceso entre las actuales alcaldías de San Carlos y Medellín, en el que ambas municipalidades impulsaron el retorno y sostenimiento de las personas, cerca de nueve mil que volvieron en los últimos años.

La ciudad que a Luis le dio la espalda durante su primer desplazamiento en los noventas, contribuyó a su regreso a la finca. “Salimos de por aquí por miedo a los que estaban llegando a la zona. Llegamos a Altos de Oriente, cerquita de Santa Elena, y construí una casa a la que le hice huerta de papas, maíz y fríjol. Los que me vendieron resultaron ser de la guerrilla. Un día llegó gente de la Alcaldía y nos sacó de allá, perdí como ocho millones de pesos”.

Después de la estafa, el regreso a la finca en San Carlos y el segundo desplazamiento, sus hijos consiguieron trabajo en Medellín. Luis no logró adecuarse a la ciudad y siempre mantuvo el anhelo de regresar. “Quisiera volver a tener la finca como la tenía, pero las fuerzas no me dan”. Ninguno de los hijos regresará a trabajar con él, aunque desde la distancia son quienes los sostienen.  “Ayer una hija me llamó y me ‘vació’: que no tenía nada que estar haciendo por aquí, que me fuera para Medellín que allá entre todos veíamos cómo vivir”.

Su esposa se va por temporadas para la capital. Él cada ocho días baja al pueblo a conseguir la comida que le falte o a llevar el plátano o la verdura que logra cosechar. La Alianza Medellín-San Carlos hizo unas mejoras a lo que quedaba de la finca pero resultaron incompletas: “Como la casa está tan lejos y es tan difícil el acceso de los materiales, no alcanzó el presupuesto. La mejora era de dos alcobas pero eso nada más quedó revocado por dentro y en obra negra, el agua se mete por las tejas de eternit. Yo voy a insistir a ver si me terminan el trabajo”.

De la finca de Luis no volverán a salir las 15 cargas de panela como sucedía en otros tiempos. Los 20 mil palos de café los mató la roya, del potrero no queda sino la herrumbre y tampoco hay marranos ni piscos como en el pasado. La casa que admiraban en la vereda Cañaveral es hoy un recuerdo a diario cultivado por él.

La memoria y los recuerdos son construidos por todos los sancarlitanos. Muchos de ellos escribieron o dibujaron su historia; otros decidieron regresar, rehacer su vida y perdonar sin olvido. Sin embargo, aún faltan personas por retornar. Como dice Pastora Mira, “las campanas, que tantas veces han sonado, están esperando el sepelio de los desaparecidos”, aquellos que aún no descansan y esperan ser encontrados bajo las minas, que aún faltan por explotar. 

“Que los baños sean públicos”: Luis Eduardo García

“Yo quiero hacer una denuncia aprovechando que usted es de la prensa. Un día yo venía para San Carlos de Medellín y tenía el pasaje justo pero estaba que me reventaba de ganas de ir al baño. Fui, pero valía 700 pesos entrar. Me fui para atrás de la terminal, para los baños de los conductores, pero un celador no me quiso dejar entrar. Yo le dije que si no me dejaba me tenía que orinar detrás de alguna llanta. Él respondió que si lo hacía llamaba a un policía para que me metiera a la cárcel. Yo lo hice y no me hizo nada. Sé que hay una ley que dice que en lugares públicos debe haber baños públicos entonces quiero criticar eso y pedir que cumplan la ley”.

 

Tomado de: Instituto Popular de Capacitación, http://bit.ly/rTdJ4e

 

noviembre 23, 2011

Premio Nacional de Paz para San Carlos

El municipio y la comunidad fueron distinguidos con este galardón que llegó a su edición número 13. La ceremonia en la que se dieron los elegidos, entre 101 propuestas de paz, se hizo la noche del martes en Bogotá. El premio fue compartido con Merquemos Juntos de Barrancabermeja.

Archivo | El jurado del Premio destacó el trabajo unido entre la comunidad y la Alcaldía para hacer del retorno de los desplazados por la violencia una muestra de superación de los efectos emocionales y sociales del conflicto.

 

La comunidad y el Municipio de San Carlos, Oriente de Antioquia, fueron galardonados con el Premio Nacional de Paz, distinción que llegó a su edición número 13 y fue entregada en una ceremonia que se hizo en el Museo Nacional, en Bogotá.

La organización del Premio destacó la iniciativa de los pobladores de San Carlos que “ante la incertidumbre y el desarraigo que produce vivir en una gran ciudad extraña, cientos han decidido retornar y organizarse para reconstruir su municipio y sus vidas. Sus retos incluyen la recuperación de las zonas rurales, sembradas de miles de minas antipersonal, y la superación de los efectos emocionales, sociales y económicos que les ha dejado el conflicto armado”.

El Premio Nacional de Paz destacó que “para lograr los objetivos, la comunidad y la Administración Municipal trabajan con el apoyo de la Alcaldía de Medellín”.

El alcalde de San Carlos, Francisco Javier Álvarez Sánchez, se mostró sorprendido por el anunció, aunque sostuvo que “estoy en Bogotá para asistir a la ceremonia, pero no me han dado ningún dato oficial”.

Entre 101 postulaciones, el jurado entregó un primer lugar compartido entre San Carlos y la Asociación de Desarrollo Comunitario Merquemos Juntos de Barrancabermeja, Santander.

Esta asociación nació en 1992 cuando los actores del conflicto armado dominaban los barrios de Barrancabermeja y un grupo de mujeres se unió para hacer respetar los derechos de las comunidades a la alimentación, el trabajo y la educación. Cada una aportaba 200 pesos diarios y así se creó Merquemos Juntos.

Además, el Premio Nacional de Paz 2011 concedió una Mención Especial a la documentalista Marta Rodríguez de Silva por “registrar y divulgar las condiciones de vida y las agresiones contra pueblos indígenas y otros sectores vulnerados”.

Según la organización, el galardón, desde su creación en 1999, “se ha instituido como un instrumento para promover la paz, la humanización, la solidaridad y el entendimiento civilizado entre los colombianos. Cada año se otorga a una o varias personas o entidades que contribuyan de manera destacada a concretar y desarrollar procesos de paz locales, regionales o nacionales, que aporten a la solución del conflicto”.

El jurado estuvo integrado, en esta oportunidad, por el presbítero Darío Echeverri, Ana Teresa Bernal, Juan Luis Mejía, el sacerdote Francisco de Roux, Jorge Orlando Melo, Nicanor Restrepo y Augusto Ramírez Ocampo (Q.E.P.D.) y a quién se le realizó un homenaje póstumo  por ser uno de los fundadores del Premio y por su contribución a las iniciativas de paz en Colombia.

El Premio es auspiciado por Proantioquia, Caracol Televisión , Caracol Radio, Semana , el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, El Tiempo y Fescol.

El proyecto empezó con 302 familias

El plan de retorno de San Carlos comenzó con 302 familias que vivían en Medellín de las cuales 86 irían al casco urbano y se les daría a 72 subsidio para mejora de vivienda y a 14 familias para vivienda nueva. La inversión inicial fue de 840 millones de pesos. En el proyecto trabajan cerca de 25 instituciones entre privadas y oficiales que apoyan a los sancarlitanos que se desplazaron a Medellín y empezaron a retornar. El proyecto inició en 2008 con el desminado de emergencia en algunas veredas. Según Acción Social, 2.500 familias, unas 9.000 personas, han retornado a la población.

 

Tomado de: El Colombiano, http://bit.ly/rCgPlS

noviembre 21, 2011

San Carlos, el pueblo que lo resistió todo, hoy es ganador del premio Nacional de Paz 2011

El programa de retorno a San Carlos es ganador del Premio Nacional de Paz 2011.

Rafael Antonio Ramírez y su esposa Dora Nelly Bedoya, con su criadero de tilapias y cachamas, lideran uno de los proyectos productivos del retorno a San Carlos.

 

Como si fuera un colonizador antioqueño de los que abrieron monte en épocas pasadas, Rafael Antonio Ramírez luchó contra la selva que cubría su finca en la vereda La Arenosa, de San Carlos, en el oriente de Antioquia, de la que había salido con su padres y 10 hermanos el 17 de enero del 2003, tras una masacre en la que murieron 18 personas.

“Fue triste encontrar la tierrita sin casi nadie y convertida en una selva. Pero pudieron más mis ganas de volver a respirar el aire de montaña”, dijo este hombre, que hace parte de las 9.063 personas que desde el 2006 han abierto de nuevo el camino por el que se marcharon, entre 1998 y el 2005, 16.000 de los 23.000 campesinos que habitaban las 78 veredas del municipio.

San Carlos fue uno de los municipios de Antioquia más golpeados por la guerra entre paramilitares y guerrilleros. En más de una ocasión fue noticia nacional porque los campesinos morían cuando uno de los grupos armados disparaba contra los buses y carros escalera que los llevaban a sus fincas.

Pero, además, es considerado el tercer municipio del país donde los civiles más han sufrido por las minas antipersona, con 119 víctimas entre muertos y heridos, de las cuales 15 eran niños. Además, 127 militares cayeron en campos minados. Ahora, el municipio es líder en el combate de estos explosivos, que destrozaron las vidas de tantas familias.

Este fue uno de los pasos fundamentales en el retorno de Rafael Antonio, que, con su esposa, Dora Nelly Bedoya, lidera uno de los proyectos productivos más importantes de los campesinos para garantizar su permanencia en las veredas: el Refugio Raybe, la piscicultora más reconocida de San Carlos.

De esas miles de familias que han regresado al pueblo lentamente desde el 2006 hacen parte Mario Hurtado y su esposa, Merlandy Serpa, que tienen tras sí una historia de amor nacida en medio de la guerra en Putumayo. Él era paramilitar del bloque ‘Central Bolívar’ en ese departamento cuando le dieron la orden de matar a la que hoy es su mujer para que no cobrara una deuda. Pero él no fue capaz de matarla y cuando él se desmovilizó, en marzo del 2006, se fueron a vivir a San Carlos, donde él había nacido. Allí encontraron un pueblo casi fantasma y a otros paramilitares desmovilizados que pretendían que Mario retomara las armas. “Me negué”, cuenta él.

Por eso tuvo que huir a Medellín sin su esposa y sus hijos. Ella debió superar el estigma de ser la mujer de un desmovilizado, pero ahora son líderes en medio del proceso de retorno.

Mario, que había vivido en Cali, donde aprendió hip hop, trabaja con jóvenes, mientras que su mujer lo hace con niños y madres que sufrieron los daños de la guerra. Es promotora de lectura.

Los principios del retorno han sido la voluntad, la seguridad y la dignidad. Bajo este lema, instituciones como Acción Social, Empresas Públicas de Medellín (EPM) y la Gobernación de Antioquia, han apoyado proyectos productivos, entre ellos la siembra de más de 100.000 árboles de café y la construcción de 500 viviendas.

Para el alcalde de San Carlos, Francisco Javier Álvarez, más conocido como ‘Pelufo’, el éxito del retorno tiene que ver con el trabajo interinstitucional, al que se han unido 30 organizaciones.

Algo para destacar es la alianza Medellín-San Carlos, mediante la cual la capital antioqueña invirtió más de 7 mil millones de pesos para lograr el retorno de 300 familias que se habían refugiado en Medellín. Todos quieren seguir construyendo su futuro en San Carlos.

Por: Yeison Gualdrón

Enviado Especial de EL TIEMPO

 

Tomado de: El Tiempo, http://bit.ly/rYFVqf

 

noviembre 20, 2011

Programa de retorno a San Carlos, ganador del Premio Nacional de Paz 2011

Once mujeres que dieron pie a una verdadera epopeya moderna en Barrancabermeja y el conmovedor retorno de todo un pueblo, el de San Carlos, Antioquia, son los ganadores este año del Premio Nacional de Paz.

San Carlos sufrió 33 masacres en los últimos 25 años. Por cuenta de la guerra, el 80 por ciento de la población huyó. El amor al terruño los ha hecho regresar. El alcalde Francisco Álvarez ha gestionado recursos para que el retorno sea definitivo y exitoso.

 

Los dos ganadores del Premio Nacional de Paz, que será entregado el martes de esta semana en Bogotá, no solo son de antología. También tienen un significado en términos de la historia de la guerra del país: en ambos se trata de proyectos o comunidades enteras que padecieron la guerra pero que, ante todo, sobrevivieron a ella y ya la están superando.

Uno de los premiados, el pueblo de San Carlos, Antioquia, es un símbolo del poder del amor a la tierra. Más de la mitad del pueblo decidió regresar a su terruño a pesar del terror que allí padecieron. El otro proyecto premiado -Merquemos Juntos, de Barrancabermeja- da cuenta de cómo once mujeres, que decidieron empezar con una ‘vaca’ de 2.200 pesos para que les rindiera el mercado, a punta de trabajo y tenacidad, hoy se han convertido en una especie de banco de los pobres y en el músculo financiero para más de 1.800 microempresarios.

Tanto San Carlos como Barrancabermeja son dos de los municipios más golpeados por el conflicto en Colombia. Y por eso es aún más interesante y meritorio el impacto de las iniciativas galardonadas.

El gran retorno

A San Carlos se lo estaba tragando la selva después de que más del 70 por ciento de sus habitantes huyó. Entre 1985 y 2010, casi 20.000 personas de las 25.840 que vivían en este municipio de Antioquia salieron, literalmente, corriendo. El ELN, las Farc, las autodefensas de Ramón Isaza, las AUC y los bloques Metro y Héroes de Granada se disputaron esa tierra con una sevicia que nadie olvida. Una “guerra total”, como muchos la califican, porque fue de todos contra los campesinos.

Fueron años muy duros, en los que se presentaron 33 masacres. Aún no se sabe con plena certeza cuántos murieron. Los hombres armados llegaban a los poblados con una lista escrita, a veces hasta plastificada, y empezaban a llamar por nombres y a matar sin mediar palabra para ir eliminando del papel cada nombre.

Los testimonios son aterradores. Jovany Ciro, por ejemplo, no olvida que a las 11:45 de la noche antes del Día del Padre de 1999, los paramilitares llegaron a su casa y tumbaron las puertas. Sacaron al papá junto con sus cuatro hijos. El mayor era un adolescente y el menor apenas tenía 3 años. En el corredor de la casa mataron a su padre. Después del tiro de gracia, entró corriendo un paramilitar y gritó “no los mate, que ellos no son”. Jovany y su familia prefirieron irse.

Todo comenzó a cambiar hacia el año 2008. Los paramilitares se desmovilizaron y la fuerza pública reforzó su presencia para custodiar a los escasos 5.000 habitantes que quedaban en el pueblo. Entonces un grupo de líderes sintió que era el momento de volver a ver a los desterrados. Y por eso, a las tradicionales Fiestas del Agua, que celebran en agosto, les sumaron las Fiestas del Retorno. La idea era volver a traer a la gente. Ocurrió que la voz de que al pueblo se podía volver se regó entre los que se refugiaban en Medellín. La ola de gente fue tan grande que en 2007 el alcalde del momento tuvo que declarar una emergencia porque no había dinero suficiente para atender a todos los que estaban retornando.

Quienes llegaban querían quedarse. Para llegar a sus fincas tenían que pasar por campos minados y ellos mismos abrieron camino poniendo a marchar sus animales adelante. Con machetes, reabrieron las trochas y cuando por fin lograron llegar a sus casas, las encontraron invadidas de selva. Pero ya no querían irse otra vez. Más de 9.000 personas han retornado a San Carlos. Entre ellas, está Jovany (en la foto). “Volví porque mi mamá quería vender la casa de donde nos tocó salir. Yo no quería que la vendiera porque fue por lo que mi papá trabajó toda su vida para dejarnos cuando él ya no estuviera. Desde 2009 regresé con mi esposa y mi hijo. Hubiera sido más duro para mí ver otra gente viviendo en el sitio donde vi morir a mi papá”, cuenta Jovany.

Entre aquellos que resistieron en el municipio se encontraba Francisco Álvarez, quien fue durante años funcionario del municipio y vio cómo en los peores años de violencia muchos de sus conocidos dejaron tirados los proyectos agrícolas que construyó con ellos. Él fue elegido alcalde de San Carlos en unas elecciones atípicas en 2009. Después de ser testigo del éxodo, se puso el reto de hacer todo para volver a llenar el pueblo.

Cuentan que el alcalde de Medellín, Alonso Salazar, quiso conocer qué era lo que estaba pasando en San Carlos y lo llevaron a La Mirandita, una vereda lejana. Y al llegar, lo primero que vio fue un grupo de vecinos cantando un himno que se habían inventado desde hacía muchos años como un gesto de identidad con su tierra. Durante la charla, Salazar preguntó qué les hacía falta e hicieron una humilde pero sincera petición: necesitamos dos mulas. ¡Que después de vivir las peores violencias este grupo de vecinos de 25 casas cantaran su himno y pidieran herramientas de trabajo, hablaba de su arraigo y su intención de salir adelante solos!

Salazar le propuso al Concejo de Medellín destinar inicialmente 6.000 millones de pesos para apoyar el retorno de 300 familias a San Carlos. La idea gustó y se aprobó el desembolso. Así, el alcalde Francisco Álvarez tuvo ánimo para seguir buscando recursos. Hoy día, al menos 30 instituciones entre públicas y privadas están apoyando. Se recuperó la confianza en la fuerza pública gracias al riguroso desminado que está haciendo casi centímetro a centímetro en cada vereda. Los gobiernos nacional y departamental se vincularon con viviendas y proyectos productivos. Y ONG y organismos internacionales están haciendo lo propio. El éxito está en lo bien que se han sabido articular los diferentes cooperantes.

Jovany vive actualmente en la misma casa de donde lo sacaron los paramilitares con su familia. La remodeló gracias a las instituciones que están apoyando el regreso.

 

Tomado de: Revista Semana, http://www.semana.com/nacion/adios-guerra/167765-3.aspx