Cuidando la paz del Oriente antioqueño

Felicitaciones al Ejército y también a la ciudadanía de la región, cuya colaboración fue fundamental en el éxito de los operativos, por la férrea defensa de lo que tantos sacrificios les ha costado.

EDITORIAL: El Mundo

Atardecer en El Peñol. /Foto: NOTICIAS ORIENTE ANTIOQUEÑO.

La subregión del Oriente es una despensa agrícola de Antioquia y un polo de desarrollo turístico que atrae visitantes de todas las latitudes, pero su gran figuración en el contexto económico nacional proviene fundamentalmente de su participación en el sistema energético nacional, con sus seis embalses y sus cinco centrales hidroeléctricas, responsables del 73% de la generación eléctrica de todo el departamento y del 30% del total nacional.

Su prosperidad atrajo también, como la miel a las moscas, a toda clase de grupos delincuenciales. Primero llegaron las guerrillas del ELN y las Farc, a mediados de los 80, y la mayoría de sus 23 municipios -con más fuerza en San Carlos, San Luis, San Francisco, Abejorral, Sonsón, Argelia y Nariño- entraron en una espiral de asesinatos selectivos de dirigentes políticos y cívicos, secuestros, sabotajes a la infraestructura hidroeléctrica, y muchos otros delitos contra la población. En los 90 llegarían las Auc, y en su disputa con aquellas por el territorio y los negocios ilegales, provocaron más homicidios, masacres, desapariciones, despojo de tierras y desplazamiento forzado de miles de pobladores.

Entre 1998 y 2004 se dieron los picos más altos de violencia e inseguridad en gran parte de la subregión, pero gracias a la decisión inquebrantable del Gobierno del presidente Uribe de combatir esos grupos, sin cerrar puertas a una eventual negociación -como sucedió con las Auc- y apoyado en la capacidad y la moral combatiente del Ejército y la Policía, en las labores de inteligencia de los organismos de seguridad, con la activa colaboración de las administraciones departamental y municipales, así como de la comunidad organizada, esa situación de zozobra comenzó a cambiar dramáticamente para bien de sus pobladores y hoy se puede hablar de una derrota total de los actores de la violencia organizada y de una paz que se quisieran otras regiones de Colombia.

No obstante, en las circunstancias de nuestro país, el bien preciado de la paz es una conquista aún frágil, que hay que cultivar y cuidar con mucho celo y en eso también se distingue el Oriente antioqueño. Allí, a la par con la labor de las FF.AA. para reducir a las organizaciones ilegales y de la Fiscalía y la Judicatura para judicializar y castigar a los delincuentes, se dio un interesante proceso de toma de conciencia y organización de las comunidades a todos los niveles, con el acompañamiento del Gobierno Nacional y el respaldo de organismos internacionales como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Pnud, y la Unión Europea.

En tan breve espacio apenas podemos destacar dos experiencias que nos parecen definitivas en ese proceso de recuperación de la seguridad y la paz en el Oriente. Una fue el Laboratorio de Paz II en Colombia, que cubrió a los 23 municipios y fue liderado por Acción Social de la Presidencia, la Gobernación, la corporación Prodepaz y la Unión Europea. Uno de los resultados tangibles de esos esfuerzos de concertación entre organizaciones sociales y dirigencia política regional, representada esta por los candidatos a alcaldías y concejos en las elecciones de 2007, fue la construcción concertada de planes de desarrollo en 14 de los 23 municipios de la subregión. Con esa misma filosofía y con recursos del Pnud, en concertación con los candidatos a alcaldías y concejos para las elecciones del 30 de octubre de 2011, se impulsó la construcción participativa y concertada de planes de desarrollo, teniendo en cuenta aspectos tales como la atención integral a la problemática de las minas antipersonales; la atención integral a las víctimas; paz, convivencia y seguridad ciudadana; desarrollo rural y defensa de la tierra; gestión ambiental y del riesgo; y cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Todos esos esfuerzos mancomunados han hecho del Oriente antioqueño una comunidad refractaria a la violencia, a sus actores y usufructuarios. Prueba de ello es el fracaso rotundo de las Farc en su intento de posicionar de nuevo allí a su 9º frente, al mando de alias “Santiago”, muerto el 2 de agosto pasado en combate con tropas de la 4ª Brigada del Ejército en zona rural de San Luis. Dos semanas antes, había caído su lugarteniente, alias ‘el diablo’ y la semana pasada fue capturado su remplazo, alias ‘Lucho’. Felicitaciones al Ejército y a la ciudadanía de la región -cuya colaboración fue fundamental en el éxito de los operativos- por la férrea defensa de lo que tantos sacrificios les ha costado.

Fuente: El Mundo.

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