La estafa de un mexicano a la Biofábrica de Semillas

Propuso e inició un millonario negocio con stevia, incumplió y desapareció. La Biofábrica está ubicada en El Carmen de Viboral.

Reparar este boquete del invernadero le vale a la Biofábrica de Semillas $2 millones. Si no los consigue, un ventarrón podría dejar en el suelo toda esa infraestructura. / Foto: Donaldo Zuluaga, El Colombiano.

Gerardo Medina Quintanar y sus socios hablaban como potentados. Al Parque Tecnológico de Antioquia (PTA) le ofrecieron 3 millones de dólares por su Biofábrica de Semillas, que vale más de 9 millones de dólares, y solicitaron 680 millones de plantines del endulzante natural stevia, para sembrar en Yucatán, México. Al final, solo contrataron 26,4 millones de plantines, dieron el 30 por ciento del anticipo, recibieron 8 cargamentos, deben facturas por más de 103.000 dólares y una penalización de 175.000 dólares. Y, lo peor, se desaparecieron del mapa.

El PTA es una empresa mixta, con mayoría de capital de la Gobernación de Antioquia, y versiones oficiales dicen que el puente con Medina Quintanar, representante de Productores de Ka’a He’e de México, fue Andrés Felipe Llano Mejía , gerente de la Compañía Nacional de Stevia, quien no respondió los mensajes que El Colombiano le dejó en su contestadora automática.

Los foráneos vinieron en junio de 2010, con un proyecto de 50.000 hectáreas de stevia en México y análisis de laboratorios holandeses, que deseaban cotejar con los cultivos regionales. El de la Biofábrica resultó mejor, con la stevia morita II.

El exgerente del PTA, Alfonso Monsalve Solórzano , recuerda que a finales de 2010 los mexicanos los invitaron a Mérida, para hablar de negocios. El Parque estaba mal. Por su debilidad financiera y por no haber logrado del gobierno de Álvaro Uribe la benéfica declaratoria de Zona Franca Tecnológica, los “manitos” eran su redención.

Comisionados por la Junta, viajaron Maximiliano Valderrama Espinosa , entonces secretario de Productividad y Competitividad de la Gobernación de Luis Alfredo Ramos Botero , y el gerente del PTA. Se discutió el plan para producir 680 millones de plántulas, para lo cual el Parque no tenía capacidad, pues la sola exportación semanal de 7 millones de plantines era un complique. A los visitantes los llevaron a una reunión con funcionarios de Sagarpa -un par del Ministerio de Agricultura de Colombia- que aseguraron del interés gubernamental por apoyar proyectos como el de la stevia.

Según Monsalve Solórzano, se verificó que el cliente no era lavador de activos; Medina tenía tradición en el sector agrícola; uno de sus socios era contador de una productora de jabones, el tercero era dueño de una empresa de logística y el cuarto era un exfuncionario público. Todo parecía bien, menos su bajo capital, y por ello no se firmó el contrato.

Medina insistió. A comienzos de 2011 volvió y propuso arrancar con una escala menor. Pero una cosa negociaba aquí y otra declaraba en su tierra: el 24 de marzo firmó con el gerente del PTA un contrato para adquirir 26 millones 413.500 plantines de stevia. El primer despacho sería de 13.500 unidades, en la semana 32 del 2011, y a partir de la semana 40 los cargamentos serían de 2,2 millones al mes. (Vea el contrato página 1página 2página 3, página 4 y página 5)

Lo curioso es que el 26 de febrero, Medina y sus socios Manuel Olivo Ibarra y Alfonso Peón Cámara , anunciaron en Mérida, Yucatán, que invertirían 34 millones de pesos mexicanos en un cultivo de stevia de 700 hectáreas y que “de su planta productora instalada en Colombia, el próximo mes llegarán al suelo yucateco los primeros 168 millones de plantines de stevia”.

Un asesor externo del PTA alertó de esa mentira a la entidad, pero un exdirectivo del Parque no recuerda si la advertencia llegó antes o después de firmado el contrato: “Que se sepa, ellos no tenían bioplanta en Colombia, pero hablaban de nuestra Biofábrica como si fuera de su propiedad. Eso lo sabíamos en la Junta, pero no le dimos mayor significado, porque nos parecía que lo hacían como parte de su promoción comercial”. El deseo de salvar el negocio, de 1.400 millones de pesos, pudo más que el engaño mexicano.

Los clientes pagaron oportunamente el anticipo, de 420 millones de pesos. En el PTA unos dicen que hubo demoras en la contratación y montaje de la infraestructura que requería el contrato. Al final tuvieron que acelerar y se dispararon los costos. Lo que se presupuestó en 450 millones de pesos pasó a cerca de 800 millones. Monsalve Solórzano reporta que la inversión total en el desarrollo de stevia fue de 1.200 millones. Por eso se tuvo que tomar un crédito de 600 millones de pesos, que la Biofábrica complementó con un aporte de 200 millones.

El calvario La Biofábrica cumplió con el primer despacho, de 13.500 plantines de stevia, y luego se acordó con los mexicanos, verbalmente, y sin que mediara un otrosí, una modificación de las fechas de las siguientes cargas.

Según los términos del contrato 11-154.C, el PTA entregaba la mercancía en la puerta de la Biofábrica y a las 72 horas siguientes le pagaban. Pero los mexicanos no pagaron el segundo embarque. Aún así, les siguieron despachando y la historia se repitió para los otros cuatro envíos. Además, los clientes dejaron de recoger dos cargamentos y acumularon una deuda de 103.284 dólares, que en carta fechada en enero 10 de 2012, la gerencia del PTA esperaba que Productores de Ka’a He’e de México le cancelara en las 72 horas siguientes. (vea la carta página 1, página 2 y página 3) ¡Aún está esperando!

Para una fuente del PTA, parte del problema se presentó cuando en diciembre de 2011 se iba a negociar el precio de los plantines de stevia para el 2012. Los mexicanos pidieron una visita técnica a sus cultivos, lo cual no fue aceptado por el Parque, que notificó el aumento del valor del plantín de 53 a 80 pesos.

El exgerente del PTA afirma que adicional a la inflación se reajustó el 1,8 por ciento en el precio de la stevia, para absorber el mayor costo de la mano de obra, dado que este insumo pesa fuertemente en los costos. “Los mexicanos se pusieron furiosos y dijeron que no iban a comprar a ese precio”.

Otra versión, también surgida en el PTA, es que en febrero de 2012 los mexicanos reconocieron que se habían sobredimensionado en su negocio, porque la demanda del producto aún estaba cruda en su país.

Según las cuentas de la Biofábrica, la realidad de este contrato indica que se han perdido 6,6 millones de plantines, a los que se suman 3 millones que estaban próximos a enraizar, y todo por motivos que imputan a los mexicanos.

Eso obligó a mandar para sus casas a 45 trabajadores, que confiaban en que los clientes retomarían el negocio. No fue así.

“Telefónicamente decían que iban a venir a renegociar, pero nunca vinieron. Por eso es que el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo , afirma que nos tumbaron”, indicó un empleado de la Biofábrica.

Como se habrá notado, las fuentes del PTA tienen perspectivas y cifras disímiles del mismo negocio. Aún así se puede hacer este balance: el Parque invirtió para este contrato con los mexicanos entre 800 y 1.200 millones de pesos, que se deben cotejar con los 1.400 millones de pesos de ingresos esperados por esta primera experiencia internacional. Los compradores, a su turno, apenas han cancelado 420 millones de pesos por concepto de anticipo

¿Y el resto de la plata? La sorpresa de la nueva administración del PTA es que sus predecesores no obligaron a los mexicanos a tomar una póliza de cumplimiento, un requisito que para los abogados es tan elemental como necesario, inclusive en contratos de una menor cuantía. Con un respaldo así, el Parque le podría cobrar a la compañía de seguros y, esta, a su turno, replicaría en la firma mexicana.

El exgerente del PTA, Alfonso Monsalve Solórzano , argumenta que el estatuto de contratación de la entidad, avalado en 2011 por la Contraloría General de Antioquia, usa principios públicos y procedimientos abreviados privados, para darle agilidad. En este caso específico, no exigieron la póliza porque se sentían protegidos con las otras condiciones: los pagos mensuales que se iban a realizar 72 horas después de entregada la mercancía; el anticipo del 30 por ciento, que se califica como alto; el apoyo que el Gobierno de México le daba al cliente internacional; la cláusula del Tribunal de Arbitramento bajo las normas colombianas para dirimir diferencias y la penalización del 25 por ciento del valor del contrato, en caso de incumplimiento de las partes.

El tema es, cómo imponerle esas cláusulas a un fantasma, porque en eso se han convertido los mexicanos para el PTA y para su Biofábrica de Semillas, dos entidades que dicen no tener un peso disponible para contratar a un abogado.

Por eso, el contrato que era la visto como la salvación del Parque Tecnológico de Antioquia terminó convertido en el florero de Llorente para proceder a su liquidación voluntaria.

Sergio Fajardo , en particular, no soportó el tumbis. Monsalve Solórzano afirma que la tumbada solo se configuraría si no se toman las medidas jurídicas de rigor, para lo cual se documentó y certificó debidamente cada incumplimiento del cliente. En su opinión, “los mexicanos no pagaron porque no les dio la gana y por ello se debe convocar el tribunal de arbitramento, demostrar la cesación de pagos, aplicar la penalización y exigir el pago de todo el contrato. Hay que hacer esas gestiones”.

BIOFÁBRICA NECESITA $2 MILLONES PARA SALVAR $3.616 MILLONES

El director de la Biofábrica de Semillas, José Diego Osorio Chica, no ve fácil salvar el contrato con los mexicanos, pues se ha perdido la confianza en ellos. Lo mejor, añade, es abrir otros mercados, como Venezuela, Chile y Estados Unidos, con desarrollos de 1 o 2 hectáreas.
Parte de su reto es no dejar morir una inversión que está viva. Para producir los 28,4 millones de plantines del contrato, se montó, entre otras cosas, una hectárea con 137.000 plantas madres, que según sus cuentas valen 685 millones de pesos.
Ese activo está hoy en un invernadero y se puede perder si no le meten 2 millones de pesos a una reparación de parte del techo. El daño sería enorme. Cada planta madre puede producir, al mes, un promedio de 40 plantines, con precio unitario de 55 pesos. Eso indica que al plante que dejó el accidentado contrato con los mexicanos se le podrían sacar 3.616 millones de pesos, anuales, de los cuales el 14 por ciento quedaría como utilidad neta, o sea más de 500 millones de pesos.
Fuente: El Colombiano, http://bit.ly/OKRzni
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