Por: Guillermo Maya

Confundir las partes con el todo es un error de perspectiva. El gobernador de Antioquia dice: “El túnel (de Oriente) es una obra que Antioquia esperaba hace medio siglo”. ¿Por qué Antioquia? Si el túnel va a ser construido en una zona privilegiada en vías de comunicación y obras de infraestructura de diverso tipo, colegios, hospitales, etc. Para llegar al oriente antioqueño hay cuatro vías a falta de una. ¿Por qué Antioquia? Cuando hay zonas completas del departamento, y más remotas, con vías en malas condiciones o inexistentes, con escasa infraestructura pública, hospitales, colegios, etc. No confundamos a Medellín y a Llanogrande con Antioquia.

Luis Gonzalo Mejía, en ‘El Colombiano’, llamó a esta obra el túnel de Llanogrande, en referencia a una de las zonas más exclusivas de Colombia, en donde la clase empresarial y política de Antioquia reside o tiene sus fincas de recreo y ‘engorde’, como lo ha reseñado el periodista Juan José Valencia. “Allí tiene propiedades el Gobernador de Antioquia, por ejemplo, (…), lo mismo que buena parte de la dirigencia política, empresarial y comercial de Medellín”. Federico Estrada, director de la Lonja de Propiedad Raíz, reconoce, sin dudas, que “esas propiedades valdrán mucho más con la construcción del túnel” (‘El Mundo’, 10 de julio del 2011, ‘La obra tiene, en efecto, dos lados’). No confundamos los intereses de los antioqueños privilegiados, que bien podrían estar, por ingresos y riquezas, en el 1 por ciento del 1 por ciento más rico del país, con los intereses de los antioqueños sencillos y pobres, con grandes carencias en educación, salud, vivienda, etc.

El principal argumento contra el túnel es que el agua de las veredas del corregimiento Santa Elena (Medellín) se va a secar. Imposible, dice Rodrigo Caicedo, gerente de Concesiones de la Gobernación de Antioquia, en una entrevista con Carolina Pérez. “En una construcción pueden pasar muchas cosas, (…) las condiciones topográficas de la zona no permiten una infiltración de aguas en el túnel, (…) no hay forma de que se meta el agua. (…) Acá es todo completamente automatizado; eso minimiza el riesgo” (‘El Mundo’, 11 de julio del 2011, ‘Los que se oponen son un grupo de intelectuales de Santa Elena’).

Minimiza el riesgo. No dice que el riesgo sea inexistente, de probabilidad cero. Sobre el uso de la dinamita en la construcción del túnel, en una crónica basada en una entrevista con el ingeniero Oswaldo Ordóñez, de la Facultad de Minas, Sergio Zuluaga dice que “uno de los líos grandes del túnel de oriente es el afán con que serán construidas las obras. (…) Algunos de los problemas técnicos que puede llegar a tener el túnel de oriente, ya que se utilizará un método del siglo pasado, es la afectación ambiental y el desplazamiento de tierra debido a las vibraciones” (‘El Mundo’, 11 de julio del 2011, ‘Túnel de oriente: ¿con ingeniería del siglo pasado?’). Conclusión: por esos ‘desplazamientos’ se va a ir el agua.

Sin embargo, Caicedo reitera: “Hay miles de kilómetros de túneles en el mundo y el único que no se puede construir es el de Santa Elena. El de occidente se hizo y no hay problemas, lo mismo entre Francia e Inglaterra, con uno por debajo del mar. Allí el océano Atlántico no se ha metido”. La periodista lo contradice: “En occidente, al contrario de lo que usted dice, sí hubo problemas: desaparecieron cuatro corrientes de agua…”. Responde Caicedo: “Allá está la comunidad de El Naranjal (San Cristóbal) que dijeron que se quedaron sin agua; les íbamos a construir el acueducto, pero lo cambiaron por una cancha y pavimentación de una vía”. ¿Respondió la pregunta? No. ¿Qué pasó en San Cristóbal? Una comunidad desorganizada, y que fue fácilmente manipulada.

Precisamente, la diferencia de Santa Elena con San Cristóbal es la que explica las expresiones despectivas del gerente hacia la inteligencia y la crítica: “Los que se oponen son un grupo de intelectuales de Santa Elena”. Los políticos prefieren las comunidades que pueden ser manipuladas a las que no, como la de Santa Elena, que no traga entero y tiene voceros bien articulados e informados.

 Por otro lado, el pasado primero de julio, el concejo de Medellín realizó una sesión sobre el túnel de oriente, con el fin de escuchar a los funcionarios del municipio de Medellín, la personería municipal y los voceros de las organizaciones ambientales y comunitarias de Santa Elena. Entre las intervenciones más importantes estuvo la del gerente de aguas EPM, Francisco Piedrahíta, quien confirmó la principal objeción al proyecto que tiene la comunidad de Santa Elena, y es la de la pérdida de aguas superficiales a consecuencia de la construcción del túnel, que puede llegar a los 200 litros por segundo o 17,28 millones de litros/día. Este informe de EPM contradice todas las afirmaciones del gobernador y de su gerente, reiterativas, de que en Santa Elena ningún floricultor se va a perjudicar. ¿Será el túnel un adiós a los silleteros?

En este sentido, ¿cuál es el plan para prevenir o mitigar este efecto? ¿Qué dice Cornare, cuya jurisdicción está en el Oriente antioqueño y que expidió la dudosa licencia ambiental? ¿Qué dice Corantioquia, en cuya jurisdicción está Santa Elena y que guarda sospechoso silencio? ¿Qué dice la secretaria del medio ambiente de Medellín? ¿Y qué dice la gerencia del área metropolitana? Si tomamos como datos la construcción del túnel de occidente, el uso de tecnología que usa dinamita y sus consecuencias sobre las tierras superficiales, el riesgo del drenaje del agua, en Santa Elena, no es tan bajo como se pretende hacer creer a los incautos al poner como ejemplo el túnel del canal de la Mancha, bajo la superficie del mar, construido con otro tipo de tecnología, sin usar dinamita. Si no hay riesgo, ¿por qué entonces no compran un seguro para que los habitantes de Santa Elena estén tranquilos, en caso de que se escurran sus aguas y sus tierras ya no sean cultivables?

En conclusión, si el túnel tiene daños irreparables sobre Santa Elena, lo mejor sería olvidarse del túnel: quince minutos de ahorro de viaje no valen una Santa Elena.

Fuente: El Tiempo